Peter Singer
(Artículo publicado originalmente en Project Syndicate)
Durante su mandato como presidente de Sudáfrica, Thabo Mbeki rechazó el consenso científico de que el SIDA es causado por un virus, el VIH, y que los medicamentos antirretrovirales pueden salvar las vidas de los seropositivos. En lugar de ello, abrazó los puntos de vista de un pequeño grupo de científicos disidentes que sugerían otras causas para el SIDA.
Mbeki siguió manteniendo tercamente esta opinión a pesar de que la evidencia contra ella se fue haciendo abrumadora. Cada vez que alguien -incluso Nelson Mandela, el heroico luchador de la resistencia contra el apartheid que se convirtiera en el primer presidente negro de Sudáfrica- cuestionó públicamente los puntos de vista de Mbeki, sus partidarios lo denunciaban con saña.
Mientras Botswana y Namibia, vecinos de Sudáfrica, proporcionaban antirretrovirales a la mayoría de sus ciudadanos infectados por VIH, no ocurría así en la Sudáfrica gobernada por Mbeki. Un equipo de investigadores de la Universidad de Harvard ha estudiado las consecuencias de esta política. Utilizando supuestos conservadores, estima que si el gobierno de Sudáfrica hubiera proporcionado los medicamentos adecuados, tanto a pacientes con SIDA como a mujeres embarazadas con riesgo de infectar sus bebés, se habrían evitado 365.000 muertes prematuras.
Esa cifra es un indicador revelador de los altísimos costes de rechazar la ciencia o hacer caso omiso de ella. Es comparable con las pérdidas de vidas ocurridas en el genocidio de Darfur, y representa cerca de la mitad de víctimas de la masacre de tutsis en Ruanda en 1994.
Uno de los incidentes más importantes que dieron forma al rechazo mundial al régimen segregador sudafricano fue la masacre de Sharpeville en 1961, en que la policía disparó contra una muchedumbre de manifestantes negros, matando a 69 e hiriendo a muchos más. Mbeki, al igual que Mandela, luchó activamente contra el apartheid. Sin embargo, el estudio de Harvard muestra que es responsable de las muertes de 5000 veces más sudafricanos que la policía sudafricana blanca que disparó en Sharpeville.
¿Cómo juzgar a un hombre así?
En su defensa se puede decir que no tenía la intención de matar a nadie. Parece haber creído genuinamente -quizás todavía lo cree- que los antirretrovirales son tóxicos.
También podemos otorgar que Mbeki no tenía malas intenciones contra quienes sufren de SIDA. No deseaba hacerles daño y, por esa razón, deberíamos juzgar su carácter de manera diferente a quienes sí tienen ese fin, ya sea por odio o para beneficiar sus propios intereses.
Sin embargo, las intenciones no bastan, especialmente cuando hay tanto en juego. Mbeki es culpable, no por haber adoptado inicialmente una visión sostenida por una ínfima minoría de científicos, sino por haberse aferrado a ella sin permitir que se la sometiera a prueba en un debate justo y abierto entre expertos. Cuando el profesor Malegapuru Makgoba, el principal inmunólogo negro de Sudáfrica, advirtió que las políticas del presidente harían de Sudáfrica el hazmerreír del mundo científico, la oficina de Mbeki lo acusó de defender ideas occidentales racistas.
Desde la salida de Mbeki en septiembre, el nuevo gobierno sudafricano de Kgalema Motlanthe ha dado rápidos pasos para implementar medidas eficaces contra el SIDA. El ministro de salud de Mbeki, que se hizo conocido por sugerir que el SIDA se podía curar mediante ajo, jugo de limón y betarragas, fue despedido raudamente. La tragedia es que el Congreso Nacional Africano, el partido político predominante de Sudáfrica, dependía tanto de Mbeki que no fue depuesto hace varios años, como debería haber sido.
Las lecciones de esta historia son aplicables a siempre que la ciencia es pasada por alto en la formulación de políticas públicas. Esto no significa que siempre que haya una opinión mayoritaria en la comunidad científica, ésta será correcta. La historia de la ciencia muestra claramente lo contrario. Como los demás seres humanos, los científicos pueden ser influidos por una mentalidad de rebaño y el temor a verse marginados. El error culposo, especialmente cuando hay vidas en juego, no es estar en desacuerdo con los científicos, sino rechazar la ciencia como método de investigación.
Mbeki debe de haber sabido que, si sus opiniones poco ortodoxas acerca del SIDA y la eficacia de los antirretrovirales fueran incorrectas, sus políticas terminarían conduciendo a una gran cantidad de muertes innecesarias, y saber eso lo ponía bajo la mayor obligación de permitir que toda la evidencia se presentara y examinara de manera equitativa, sin temores ni favoritismos. Puesto que no fue así, Mbeki no puede eludir la responsabilidad de cientos de miles de muertes.
Ya seamos personas individuales, jefes de grandes empresas o líderes de gobierno, hay muchas áreas en las que no podemos saber lo que debemos hacer sin contar con un cuerpo de evidencia científica que nos sirva de guía. Mientras más responsabilidad tengamos, hay mayores probabilidades de que sean trágicas las consecuencias de tomar una decisión errónea. De hecho, cuando vemos las consecuencias posibles del cambio climático causado por las actividades humanas, la cantidad de vidas humanas que se pueden perder por decisiones erróneas empequeñece la cifra de vidas perdidas en Sudáfrica.
sábado, enero 31, 2009
EL TRÁGICO COSTE DE SER ACIENTÍFICO
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miércoles, octubre 01, 2008
Necrológicas como indicador de importancia cultural
Se dice a veces que la longitud, la posición y la calidad de un artículo necrológico en un periódico es un buen indicador de la importancia que el medio da al personaje.
Yo lo tenía claro desde octubre de 1984. El día 21 de ese mes falleció François Truffaut. Las personas de mediana edad saben perfectamente quién fue: uno de los más carismáticos directores de cine franceses, uno de los teorizadores y principales representantes de la Nouvelle Vague.
Al día siguiente “El País” le dedicaba parte de la portada, y tres artículos amplios, que ocupaban, creo recordar, tres páginas. El día posterior todavía se le dedicaban tres artículos más.
El día anterior, 20, había fallecido Paul Dirac. Quizás, y eso sería la mejor prueba de lo que estoy diciendo, muchos no conozcan quién fue Dirac. Se trata de uno de los físicos más brillantes de toda la historia. Su contribución más conocida, y no la única, la que debería haber hecho que toda persona culta conociera su nombre, es que fue la persona que inventó la antimateria. Y digo “inventar” porque no se trató de un descubrimiento de laboratorio. Descubrió su existencia a partir de la elaboración de un modelo teórico, cuando se dio cuenta de que su teoría funcionaba también para partículas que tuvieran algunas características cambiadas frente a las conocidas. Su golpe de genialidad, simplificando un poco, fue pensar qué pasaría si se tomase el valor negativo al hacer la raíz cuadrada. Sólo unos años después se descubrieron las partículas. No
se puede realzar lo suficiente el descubrimiento de Dirac. Incluso en la cultura popular, cuánto juego ha dado la antimateria. Pero es que tecnológicamente, en medicina y muchos otros campos la antimateria se emplea ya de forma cotidiana.
Y ese es sólo uno de los méritos de Dirac. Se cuentan cientos de anécdotas sobre su brillantez. No hay más que decir que aún hoy es la segunda persona más joven en haber recibido el Premio Nobel, a los 31 años. Pero es que además se puede decir que era un artista, cuyo arte eran las matemáticas: es característica su frase de que lo más importante de una teoría científica es que sea bella.
Pues bien, como decía, Paul Dirac falleció el 20 de octubre de 1984. La noticia el “El País” apareció el día 24, y se limitaba a un párrafo. Es verdad que dos semanas después aparecía un segundo artículo, bastante soso, por cierto.
Pero la desproporción es tan colosal, que incluso una carta al director de un lector lo hacía notar unos días después.
No voy a despreciar la contribución cultural de Truffaut. Yo mismo recuerdo varias de sus películas, aunque me da la impresión de que ya ha pasado su tiempo, y que las nuevas generaciones no le conocen; sus filmes se emiten en horas o lugares de cinéfilos. Sin embargo, la ecuación de Dirac se recordará dentro de muchos, muchos años, incluso cuando la gente no recuerde ni lo que era el cine, y mucho menos el cine francés de los 70.
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lunes, septiembre 01, 2008
RICHARD DAWKINS DICE QUE EL ISLAM ESTÁ IMPORTANDO EL CREACIONISMO
Dawkins, etólogo y biólogo evolutivo británico, además de declarado ateo yhumanista, critica también al Gobierno británico por permitir que se enseñen esasteorías, contrarias a la ciencia, en las aulas de este país."
La mayoría de los musulmanes devotos son creacionistas así que en lasescuelas, muchos hijos de padres musulmanes se limitan a repetir lo que les hanenseñado", denuncia el científico, citado hoy por el diario "The DailyTelegraph".
Según el profesor de la Universidad de Oxford, el Gobierno laborista "podríahacer más" contra ese fenómeno, pero no lo hace por su defensa "fanática delmulticulturalismo y de la necesidad de respetar las diferentes tradiciones de lasque proceden esos niños".
Para Dawkins, autor de libros como "El espejismo de Dios", "El relojero ciego"o "El gen egoísta", la ciencia está amenazada en las escuelas porque el Gobiernoacepta que se discutan en ellas las teorías nada científicas sobre el "diseñointeligente" como "uno entre varios puntos de vista sobre la evolución".
"El Gobierno considera estupendo que los niños se eduquen de acuerdo con susreligiones tradicionales, pero yo llamo a esto lavado de cerebro. Parece que alos profesores les da miedo que los tachen de racistas" si lo critican, señala el científico.
"Es prácticamente imposible decir nada contra el Islam en este país porque siuno lo hace se ve inmediatamente acusado de racista o de fobia antiislámica", selamenta el biólogo, que acaba de realizar un programa de televisión sobre el temapara el cual entrevistó a escolares de quince años en una escuela secundaria deLondres.
"Me asustaron las barreras que encontré al aprendizaje. Yo les mostraba laspruebas (a favor de la teoría de la evolución), pero los muchachos me respondíanque no era eso lo que enseñaba el libro sagrado", explica el científico.Dawkins cree que todo eso facilita la labor de los fanáticos: "Creo que nosenseñan a respetar demasiado la religión frente a otro tipo de opiniones",reflexiona.
El biólogo critica también el creacionismo de base cristiana: "No basta condecir que se trata de dos teorías: una llamada evolución, y la otra, génesis"."Si nos ponemos así, ¿por qué no hablar entonces de la tribu nigeriana según lacual el mundo se creó a partir del excremento de las hormigas?", se preguntaDawkins.
URL: http://www.laopinion.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2008080400_18_163056__CienciayTecnologia-Richard-Dawkins-dice-Islam-esta-importando-creacionismo
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lunes, junio 30, 2008
STEPHEN JAY GOULD: POETA DE LA EVOLUCIÓN
Obrero Revolucionario #1158
Su influencia se sintió mucho allá más de la Universidad Harvard, donde fue catedrático por más de tres décadas, y del mundo de los científicos profesionales.
Hizo contribuciones cruciales a la lucha contra los derechistas fundamentalistas religiosos y sus campañas organizadas para desacreditar la ciencia de la evolución e impedir que se estudie.
Gould defendió incondicionalmente los hechos establecidos y los principios básicos de la teoría de la evolución. Esta teoría explica que todos los seres vivos son producto de billones de años de evolución -de las bacterias unicelulares a los animales más complejos, como el ser humano- y que todas las especies descienden de otras especies y tienen antepasados comunes. Asimismo, Gould profundizó y desarrolló este importante campo de la ciencia.
Como enemigo del creacionismo religioso anticientífico, Gould fue a Kansas en 1999 para oponerse a la decisión de la junta estatal de educación de prohibir la enseñanza de la evolución. Dijo: "Enseñar biología sin mencionar la evolución es como enseñar inglés sin mencionar la gramática".
Gould criticó la posición social corrupta y reaccionaria, y las fallas científicas, de los que propagan mentiras y tergiversaciones para difundir ideas reaccionarias y racistas. Se opuso al determinismo genético, que reduce toda actividad humana al funcionamiento de nuestros genes.
Popularizador de la ciencia Gould tenía un gran talento para explicar ideas científicas al público. Con un estilo que combinaba la ciencia con el arte, escribió amenos artículos y libros que popularizaron importantes hechos, principios y métodos científicos. Una característica de Gould era que ilustraba y explicaba principios científicos con ejemplos de una amplia gama de campos: literatura, arquitectura, cine popular y hasta béisbol (una pasión durante toda su vida). Su contagioso entusiasmo, su conocimiento enciclopédico y su simpática pluma le merecieron muchos ávidos lectores.
Richard Lewontin, colega de Gould y uno de sus amigos más cercanos, dijo: "Era el mejor escritor científico para explicar la evolución al público. Steve no la simplificaba, logró describirla en toda su complejidad. Hacía que los lectores apreciaran lo caótica y variable que es la vida... Steve siempre decía la verdad de una forma que se entendía mejor que nadie".
Por 27 años, Gould escribió mensualmente para la revista Natural History (Historia Natural); su último ensayo (el número 300) se publicó en la edición de enero de 2001. No importaba si escribía sobre el caracol Cerion del Caribe (como biólogo, se especializó en esa especie), el rico yacimiento de fósiles Burgess Shale de las montañas Rocosas de Canadá, o cualquier otro tema científico, Gould comunicaba al lector la maravilla de la diversidad y complejidad de la vida, la emoción de descubrir o entender algo nuevo, y las complicadas interacciones entre el trabajo científico y las cuestiones sociales.
Muchos de sus ensayos se centraron en la obra de los científicos del pasado; los llamó "minibiografías intelectuales". Pintó descripciones vívidas de los científicos y sus ideas en el contexto histórico, social, económico y cultural de su trabajo.
Contribuciones a la teoría de la evolución
Gould era un joven profesor de la Universidad Harvard en 1971 cuando él y su colega Niles Eldredge publicaron un artículo sobre "la especiación y los equilibrios puntuados". El artículo marcó un hito en la teoría de la evolución. Se colocó firmemente en la tradición de Charles Darwin, fundador de la ciencia de la evolución, pero propuso una modificación en el ritmo de los cambios evolutivos y la aparición de nuevas especies. Darwin planteó que la evolución biológica avanza a un ritmo lento y gradual. Gould y Eldredge examinaron la evidencia de fósiles y sacaron otra conclusión: el proceso evolutivo tiene largos períodos en que las especies experimentan relativamente pocos cambios, interrumpidos por períodos cortos (en la escala del tiempo geológico) de rápidos cambios ("equilibrio puntuado").
La teoría del equilibrio puntuado prendió controversia en los círculos científicos. Unos críticos dijeron que se apartaba de los principios fundamentales de la evolución de Darwin. Pero Gould y Eldredge dejaron en claro que el propósito no era desprestigiar el darwinismo sino extenderlo y refinarlo a la luz de nueva evidencia de fósiles.
Gould tuvo una orientación intrépida y crítica hacia su trabajo. Por ejemplo, más tarde criticó ciertas fallas de la teoría del equilibrio puntuado y, con la ayuda de otros colegas, Gould y Eldredge siguieron modificándola y enriqueciéndola.
Durante los siguientes 30 años, Gould hizo muchas contribuciones importantes a la biología evolutiva. Reafirmó que los pilares de la teoría de Darwin siguen firmes.
La evolución es uno de los hechos más comprobados de la ciencia, pues abundan las pruebas y la evidencia. Pero como cualquier teoría científica, ha sido necesario profundizarla a la luz de una mayor comprensión y nuevos descubrimientos.
Darwin no podía haber previsto la amplia gama o la complejidad de los problemas de biología evolutiva surgidos en los 120 años después de su muerte. Gould entendió que la biología evolutiva no podía quedarse inmutable como un dogma religioso, que también tenía que evolucionar... y que solo abordando los nuevos problemas, información y puntos de vista podía seguir siendo una teoría vital y verdaderamente científica.
A comienzos del año 2002, unos meses antes de su muerte, Gould publicó una obra importante, The Structure of Evolutionary Theory (La estructura de la teoría evolutiva). Ahí sintetiza su trabajo de toda una vida en el campo de la biología evolutiva: sus puntos de vista teóricos, su razonamiento y sus hipótesis. En ese libro, Gould aclaró la relación entre sus ideas y las de Darwin: "La tesis principal de este libro es que se ha cuajado suficientemente una síntesis del debate (todavía en marcha) para poder señalar que nuestro conocimiento actual de la estructura de la teoría evolutiva es complejo y nuevo, pero sigue fundamentado firmemente en la lógica darwiniana... No ha decaído ni ha naufragado nada de su lógica central, pero su teoría se ha transformado y hoy es distinta, más compleja y más adecuada para guiar nuestro conocimiento de la naturaleza".
En contra del biodeterminismo y el abuso de la ciencia Gould no tenía paciencia con los que decían ser "científicos" y "objetivos", pero se valían de una seudociencia falsa para propagar ideas que respaldan la injusticia.
Su libro La falsa medida del hombre refutó contundentemente tal abuso de la ciencia. Desmintió los argumentos de los promotores del biodeterminismo (la noción de que los factores biológicos determinan la compleja conducta individual, y los fenómenos sociales y culturales) que justifica las desigualdades de la sociedad.
El libro se publicó en 1981 como respuesta a Arthur Jensen y otros que decían que diferentes grupos, sobre todo los negros y los blancos, tienen diferencias innatas (básicamente inmutables) en inteligencia. En 1996 se publicó una edición corregida y aumentada durante una nueva ofensiva biodeterminista sobre la inteligencia y la capacidad humana, como se vio con la publicación del libro The Bell Curve de Richard Herrnstein y Charles Murray.
En la introducción a la nueva edición de La falsa medida del hombre , Gould escribió: "Los resurgimientos del determinismo biológico se correlacionan con episodios de recortes políticos, especialmente campañas para gastar menos en programas sociales, o con tiempos de temor entre la élite dominante, cuando los grupos marginados siembran desorden y hasta amenazan usurpar el poder.
¿Existe un argumento más eficaz contra el cambio social que declarar que el orden establecido, con unos grupos arriba y otros abajo, es el reflejo perfecto de la capacidad intelectual, innata e inmutable, de esos grupos?".
Gould habló también de sus ideas sociales y políticas: "Mi propósito al escribir La falsa medida del hombre fue una mezcla de lo personal y lo profesional. Primero, confieso tener opiniones fuertes en cuanto al asunto. Crecí en una familia que participaba en campañas de justicia social y participé en el movimiento de derechos civiles como estudiante a comienzos de los años 60, un tiempo de gran emoción y muchos logros". Gould entendió que los científicos necesitan reconocer
sus influencias sociales y que eso les permite tener una orientación más crítica y más global a su trabajo.
Gould contempló un mundo natural de gran riqueza y gran variedad de organismos. Se opuso a las orientaciones simplistas, mecánicas y reduccionistas que describen el mundo desde la perspectiva de unos cuantos factores estrictamente definidos. No subestimaba a personas y se caracterizó por el optimismo y la compasión. Para Gould, la biología evolutiva era un tema enorme e importante, y entenderla era imprescindible para entender el mundo. Sin embargo, dejó en claro que eso no quería decir que "la biología determina el destino." Como escribió en La falsa medida del hombre: "Pasamos una sola vez por este mundo. Pocas tragedias pueden ser más vastas que la atrofia de la vida; pocas injusticias, más profundas que la de negar una oportunidad de competir, o incluso de esperar, mediante la imposición de un límite externo, que se intenta hacer pasar por interno". Para Gould, cualquier ser humano tiene la capacidad de transformarse a sí mismo y al mundo.
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sábado, mayo 31, 2008
Contradicciones
La irracionalidad, el encasillamiento en la opinión personal, lleva irremisiblemente a la violencia" (José Antonio Marina)
Este es un mundo lleno de contradicciones. Brutalidad apabullante acompañada de amor pleno. Agonía crónica y dicha absoluta. Curiosidad profunda e ignorancia fanática. Estructura sencilla y ordenada. Caos vivo y palpitante.
Una de las contradicciones más duras y evidentes es el aparente comodato de lo racional a lo irracional. Una convicción popular de que lo físico y lo metafísico son de alguna manera complementarios, y sin embargo, indiferentes uno con el otro. ¿Qué lleva a la gente a creer en una versión mística de la realidad? ¿De dónde viene esa concepción trascendente del mundo? ¿Viene de una postura crítica o irracional?
Carl Sagan explicaba esa contradicción con bloques mentales que cada individuo construye alrededor de su existencia. Así el trabajo nada tiene que ver con la familia, o el conocimiento científico con el sensorial. Esta división permitió por siglos que los más renombrados físicos fueran al mismo tiempo cristianos devotos, o que profesionales universitarios crean que su destino está escrito de alguna manera en las estrellas.
El problema con estos bloques, según explicaba Sagan, es que no están aislados perfectamente sino que intercambian información y afectan el comportamiento. Dependiendo de la importancia que demos a una de esas unidades será la influencia que tenga en otras. Así que si eventualmente nuestra vida se va centrando en los dogmas e ignorancia de la vida religiosa, ésta tomará de facto el resto de nuestra actividad. Ejemplos de esto vemos en todos lados: en los gobernadores que dan limosnas millonarias, en médicos que se rehúsan a realizar abortos argumentando "objeciones de conciencia", en la burla y violencia hacia las minorías, en el deseo insano de aplastar las diferencias ideológicas, etc.
Cuando lo irracional "pisa el césped" de lo racional, terminamos con un jardín lleno de huellas. Lo irracional apela a nuestras estructuras mentales más antiguas y elementales, apela a nuestros miedos primarios, apela a los más básicos instintos de supervivencia. Siempre será más sencillo ser irracional, ser racional rinde más frutos en el largo plazo.
Fernando Velázquez
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lunes, abril 21, 2008
Falsa analogía
La inferencia es la base del pensamiento inductivo, es tomar las propiedades de una muestra y generalizar para un todo. El pensamiento inductivo, y la inducción en si misma, dependen de la similaridad del muestreo y el todo, cuanto más parecidos más fiable resulta la inferencia.Aún con lo evidentemente útil y prolífico que ha resultado el pensamiento inductivo en muchas de las ciencias humanas, se puede caer en el error de utilizarlo equivocadamente. Ninguna inducción es perfecta, por lo que las conclusiones pueden ser falsas.
La falsa analogía.
Una falsa analogía ocurre cuando se "demuestra" que dos objetos son similares. Luego se argumenta que si A tiene la propiedad C, entonces B también debería tener la propiedad C. La analogía falla cuando A y B son diferentes, lo cual trae como conclusión que ninguno de los dos tenga la propiedad C.
Esto me lleva a lo último en la República del Spot. Esa república donde los hechos importan muy poco y las apariencias engañan y empañan.
Los promocionales que patrocinó la organización "Mejor Sociedad, Mejor Gobierno, A.C." y que comienzan con la provocadora pregunta: "¿Quiénes clausuran los Congresos?", es el ejemplo de una falsa analogía. Luego de presentar 4 ejemplos de clausuras de congresos por personajes muy oscuros de la historia mundial y nacional (habrá que ver que piensan los seguidores de Pinochet sobre la perniciosa visión del dictador presentada en el spot), se induce al espectador a pensar en un falso paralelismo con la protesta en el congreso nacional.
¿Por qué un falso paralelismo? Si la situación mexicana tuviera un parecido importante con lo dicho en el spot, entonces el spot mismo jamás hubiera sido transmitido. Algunos de los dictadores mencionados en el spot clausuraron de manera fáctica los congresos (y no sólo de manera simbólica como en nuestro congreso) y lo hicieron para aplastar cualquier voz crítica, en eso, el mensaje del spot guarda un triste parecido intencional.
Si quisieramos hacer una analogía efectiva, tendríamos que responder ampliamente a la pregunta: ¿Quiénes clausuran los congresos?
En el caso alemán, el congreso puede disolverse si el canciller pierde un "voto de confianza" (el caso mencionado en el spot) o si el congreso recien electo es incapaz de elegir un canciller por mayoría absoluta. Además de la fecha mencionada en el mensaje publicitario, el congreso alemán ha sido "cerrado" en 1972, 1982 y 2005.
En Rusia, Boris Yeltsin y Valdimir Putin han "cerrado" sus congresos en 1993 y 2007, respectivamente.
En México las continuas guerras civiles provocaron muchas veces la disolución del congreso y en general los conflictos bélicos en cualquier país obligan a estas disoluciones, sin importar quien esté al frente del gobierno. El congreso suspendió trabajos en tiempos de Juárez y a este último se le otorgaron poderes especiales, situación similar a la estadounidense durante el mandato de Lincoln.
Lo importante es distinguir entre los hechos y la forma de presentarlos. Cada situación es muy particular y responde a un contexto histórico específico. Las disoluciones efectivas de los poderes legislativos han ocurrido en circunstancias sin paralelo con la "toma" del congreso mexicano (la cual es una demostración de resistencia civil).
La resistencia civil son acciones de protesta no violentas. Pueden tomar una gran variedad de formas: la persuasión (demostraciones, vigilías y peticiones), la no-cooperación social económica y política (huelgas, paros y boicots), y la intervención no violenta(tomas, ocupaciones y la creación de instituciones gubernamentales paralelas).
La criminalización de la disidencia SI violenta la paz y la democracia. Estos spots incitan al odio y engañan al ignorante. Son una forma de retórica deplorable, como deplorables son los medios que aceptaron transmitirlos. Y mientras el grueso de la población tenga poco interés y conocimiento del país donde viven, muy poco va a cambiar. Y mientras su fuente principal de información sean cápsulas informativas, entrevistas poco objetivas y editoriales de "intelectuales" orgánicos, muy poco va cambiar. Y mientras los medios existentes olviden su responsabilidad de informar objetivamente, y se dediquen a legitimar el poder, muy poco va a cambiar. Y mientras que la flojera intelectual obnibule nuestras mentes muy poco va cambiar.
Fernando Velázquez“Así pues el Estado no se enfrenta nunca intencionalmente contra el sentido del hombre, intelectual y moral, sino contra su cuerpo, sus sentidos. No se arma de honestidad o de ingenio superior sino de mayor fuerza física. Pero yo no he nacido para ser violentado. Y respiraré mi aire; veremos quién es el más fuerte. ¿Qué fuerza tiene la multitud? Sólo pueden forzarme a algo aquellos que obedecen a una ley superior a la mía. Me obligan a ser como ellos. ¿Qué vida sería ésta? Cuando doy con un gobierno que me dice: 'tu dinero o tu vida' ¿Por qué he de apresurarme a darle mi dinero?”
Henry David Thoreau
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domingo, marzo 16, 2008
Odiar por odiar
Las últimas semanas han sido sin duda lo más vergonzoso que ha pasado a la juventud mexicana en el año. Los llamados "anti-emo" y las invitaciones a la violencia franca e injustificada contra este grupo urbano me llevan a la reflexión sobre la naturaleza del odio y el pensamiento unitario.
Lo sorprendente no es en si que haya espacios y foros donde se denigre y critique a estas bandas con enunciados fuera de toda lógica y racionalidad; después de todo, la libertad de expresión y pensamiento exige la libre difusión de ideas por más ridículas o incoherentes que puedan ser.
Algunas muestras de los "argumentos" anti-emo, van como siguen:
"LO EMO NO ES UNA CULTURA PORQ NO TIENE SENTIDO, NO TIENE FILOSPFIA
ADEMAS, CUAKIER MUSICA HABLA DE EMOCIONES, Y LOS EMO DICEN Q SON EMOCIONALES, PERO SER EMOCIONAL NO ES AUTOMUTILARSE, ES ESTAR CARGADO DE EMOCIONES LINDAS O FEAS, PERO NO TRATARSE DE QUITARSE LA VIDA, PORQ SINO, NUNCA MAS VA A TENER EMOCIONES, Y Q SENTIDO TIENE ESO SI SUPUESTAMENTE LOS EMO SON EMOCIONALES??"
"He aquí algunas de las cosas que odiamos de los emos pero ellos estan orgullosos de hacerlo (que gays , no mamar)
1. usan pantalones de niña super entubados, los hace super gays y sin que les guste el arroz con popote jajajaja.
2. el cabello es parte de su cara… osea no les pica, les molesta , o no les tapa visibilidad?????
3. usan vans de cuadritos
4. les gusta allison y panda( wuacala de los wuacalas)
5. escriben como retrazados mentales en el Messenger( ulaaaaa mi amorsh hermoushaaaa)
6. cada semana sale un grupo nuevo de Emos
7. los emos hombre tienen cara de niña y usan delineador en los ojos (que gay)
8. usan labial color rojo pitaya en el caso de las mujeres emo (osea no a todas les queda el rojo y menos si son weras color de llanta)
9. todo les afecta y por todo se quieren cortar las venas
10. le toman fotos al cabello y a sus copetes de queso Oaxaca
11. usan talla 14 de niño (ya maduren no chinguen)
12. parecen pordioseros con guantes y medias rotas en las manos y brazos
13. les gusta el rosa y los colores pastel (insisto en donde quedaron los machines???)
14. son mas vanidosos que una vieja y cantan como niñitas
15. todo emo tiene un cinturón con calaveras o de cuadritos rosados
16. su ideología no tiene ni la mas minima historia"
Lo verdaderamente sorprendente es que tanta gente haya acudido para tomar parte de un linchamiento contra personas que nunca les produjeron un daño real; lo verdaderamente sorprendente es que hayan silenciado todo sentido de decencia, respeto y sentido común; lo verdaderamente sorprendente es tantos hayan estado dispuestos a secundar un movimiento abiertamente intolerante.
Es triste ver que el odiar por odiar no abandona la naturaleza humana. Color, complexión,género, religión, nacionalidad, estilo,...Hemos encontrado la forma de dividirnos y odiarnos por esas divisiones, aunque sean todas artificiales y arbitrarias.
Es triste ver la falta de condena enérgica contra todas estas expresiones de odio fanático. En México un poco de misoginia, homofobia, xenofobia y racismo son casi un requisito para ser un ciudadano "respetable". Ahora debemos agregar ideofobia.
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martes, febrero 06, 2007
La noticia del día
Lecturas complementarias:
La miseria del peridismo
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viernes, diciembre 15, 2006
In memoriam de la cultura...
Este Miércoles 13 de Diciembre del 2006, Un grupo de artistas, interpretaron el Réquiem de Mozart, frente al Palacio de Bellas Artes, para manifestar su inconformidad con el recorte de presupuesto a la cultura y las artes promovido por Felipe Calderón.
Para quien no lo sepa, el réquiem es una misa de difuntos. El réquiem de Mozart es una obra incompleta, tal vez su elección en esta protesta no sea casual,sino muy simbólica y más que adecuada.
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viernes, noviembre 17, 2006
Milton Friedman y su problema de teorización
Milton Friedman era un reconocido teórico que al igual que todo economista sufrió el problema de la teorización de las ciencias sociales.
Las matemáticas han resultado ser un valioso instrumento para llevar adelante discusiones y unificar puntos de vista en ciencias como la física, biología, química, etc. Las ciencias sociales se rehúsan tercamente a la teorización, ¿por qué?
Vamos a analizar un ejemplo: la ecuación de cambio de Fisher.
Esta ecuación sirvió a Friedman para establecer curiosos vínculos entre conceptos distintos como el flujo monetario y el nivel de precios de la economía contemporánea.
Como bien se sabe, Fisher estipuló lo siguiente:
P = (M.V + M'.V') / T
donde P representa los precios, M la cantidad de dinero circulante por la economía de un cierto territorio, M' los depósitos bancarios en cuenta corriente (lo que es el dinero bancario) V' la velocidad de dichos depósitos y T el número de transacciones que se realizan.
La fórmula a primera vista podría resultar muy útil y sencilla (bueno, bonito y barato), pero no todo lo que brilla es oro ni las caracterizaciones siempre correctas.
Fisher nos dice que el nivel de precios de una economía cambia según el volumen de dinero circulante, tomando como referencia obligada la velocidad de circulación del mismo y el número de transacciones en que se emplea este medio de cambio. Con este autor comienza una larga tradición que llega hasta nuestros días, y que ha ganado poder e influencia en el pensamiento económico a lo largo de las últimas décadas: esa influencia consiste, esencialmente, en el control mismo de la economía –a través de la regulación del nivel de precios– por medio de una efectiva política monetaria.
La regulación de la oferta de dinero provocará una normalización, más tarde o temprano, del propio nivel de precios (así tomé 6, 20 o 30 años). En base a la teoría de Friedman los precios son el reflejo de la oferta de dinero que circula por un estado concreto. Sin embargo, los defensores del neoliberalismo rabioso de Friedman, se han encontrado con numerosos obstáculos. El problema principal no es otro que el de definir qué es exactamente el dinero bajo el campo de las finanzas actuales, pues existe un espectro amplio y variado de matices para definirlo: el depósito de ahorro disponible para retirar los fondos y que pueda transformarse en seguida en una cuenta corriente; o una línea de descuento; o el crédito de una tarjeta aún no utilizada. En definitiva, la ecuación de Fisher no abarca como regulador de los precios a elementos financieros que bien pueden agruparse dentro del marco de lo que se conoce como dinero.
Al descuartizar la definición simplista de Friedman, se produce una desvinculación, si no total, al menos parcial –y en consecuencia desaparece el carácter sacrosanto de una verdad eterna inconmovible– entre la oferta de dinero y el “control” del nivel de precios. Por eso, quienes enarbolan la bandera del monetarismo deben saber que, como bien dice John K. Galbraith: “el dinero no está vinculado con los precios a través de la magia misteriosa de la ecuación de Fisher ni de la fe de Friedman, sino de los altos tipos de interés, mediante los cuales se regulan los préstamos y la creación de depósitos bancarios (y de otra índole).”
¿Por qué le dice Galbraith “misteriosa” a la ecuación de Fisher? Porque los términos que la componen son de una ambigüedad que la ingresan en el terreno de la pseudociencia. Si los componentes de la fórmula son, para efectos prácticos y empíricos, desconocidos o especulativos, podemos decir con bastante certeza que el modelo no es científico. Es charlatanería que se oculta a la sombra del prestigio científico.
En su libro de 1943, “Teoría de los juegos y comportamiento económico”, John Von Neumann y Morgenstern afirman acertadamente: “Las matemáticas se han utilizado realmente en la teoría económica, y hasta es posible que de manera exagerada. Cualquiera que sea el caso, no se han obtenido muchos resultados útiles”.
El problema principal de tratar de aplicar técnicas matemáticas a las ciencias sociales reside en dos aspectos:
1-Las matemáticas son impropias para las disciplinas donde interviene el elemento humano; o factores, cuantitativos, pero que se resisten a la medición.
2-El instrumental matemático disponible es inadecuado y es de esperarse que para resolver los problemas de estas ciencias se “descubran” nuevas herramientas.
Del primer aspecto ya hemos tenido casos tristemente célebres como el factor g de Spearman, la ecuación de cambio de Fisher, etc. Todos ellos han engendrado teorías que han traido mucho sufrimiento a la humanidad, sin olvidar el retroceso ocasionado por prejuicios pseudocientíficos.
El segundo parece inevitable si hemos de tomar como antecedente la historia de la ciencia: el cálculo, la teoría del caos, la mecánica estadística, etc. Todo gran avance necesita de una sustitución de paradigmas, precedida de un desarrollo de nuevas herramientas lógicas y matemáticas.
La mayoría de los modelos hechos para justificar la teoría económica son extremadamente ineficientes y sin embargo siguen enseñándose en las escuelas como canon. La curva de la oferta y la demanda por ejemplo, es uno de esos modelos simplistas que no explican nada y sin embargo, recibe un tratamiento casi privilegiado en todo análisis financiero.
Von Neumann y Morgenstern criticaron el intento de aplicar el cálculo, instrumento forjado para la mecánica, a problemas muy diferentes. Pero no es el cálculo per se lo que está a discusión sino la eficacia de los modelos que generaron. Si una política económica produce efectos perniciosos socialmente, es cuando menos incompleta, si no inoportuna, sobre todo cuando se vende al público como la solución perfecta para el progreso.
Debido a esta ambigüedad en el estudio de las ciencias sociales es que la teoría económica es tan variada y debatible. Por ahora, la teoría “correcta” es la del concenso: el liberalismo económico. Una escuela económica dotada de una nunca mensurable capacidad de cinismo a la hora de presentarse como la fórmula idónea de tantas causas perdidas, pues pronto se observa que, al subir los tipos de interés como medio de control inflacionario, no se beneficia sino a quienes poseen mayores recursos; de hecho, los que mejor lo pasan en el contexto del monetarismo más exacerbado son las instituciones financieras y los individuos, corporaciones y, en general, demás empresas que pueden prestar sacando así tajada de semejantes efectos.
Por ahora, la economía no es ciencia. No hay recetas ni medicinas perfectas... pero si mucha homeopatía. No hay herramientas de estudio científicas... pero si muchas herramientas retóricas. No hay autoridades en la materia... pero si muchos merolicos con doctorado. No hay humildad en reconocer las fallas en el sistema... pero si mucha soberbia para exaltar un sistema sobre otro. No hay un solo Albert Einstein... pero si muchos Miltons Friedmans.
Fernando Velázquez
Fuentes:
http://www.nodulo.org/ec/2005/n045p21.htm
http://laberinto.uma.es/articulosinpublicar/santiago2.htm
http://www.uv.es/asepuma/XI/39.pdf
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miércoles, agosto 30, 2006
La historia a medida
Por Pablo Capanna
En esos años la historia de las religiones era un campo relativamente nuevo, y la tendencia que estaba en boga era el reduccionismo naturalista. Se decía que todas las religiones, incluyendo mitos, dogmas y rituales, no eran otra cosa que una explicación poética de la naturaleza, sobre todo de los ciclos astronómicos. Lo cual no dejaba de ser verdad en ciertos casos, pero difícilmente aplicable a las religiones históricas.
Para los reduccionistas, los fundadores de religiones jamás habían existido. Eran apenas personificaciones del Sol, la Luna, el rayo o el viento. Personajes como Buda, Confucio, Zaratustra, Moisés y Cristo eran sólo mitos solares. Los eruditos hacían malabarismos con las etimologías para ajustar sus vidas al ciclo de las estaciones y a la marcha del Zodíaco.
Probablemente harto de pedanterías, Perès escribió un librito que llevaba por título Napoleón jamás existió, o El gran error, fuente de innumerables errores en la historia del siglo XIX. Corría 1835, y no hacía demasiado tiempo que Bonaparte había muerto, pero Perès demostraba con toda seriedad que había sido un personaje fabuloso. Napoleón era apenas otro dios solar, como Apolo. ¿Acaso no había ahogado la Revolución, del mismo modo que Apolo había vencido a la serpiente Pitón?
Para Perès, las pruebas sobraban. El emperador corso tuvo cuatro hermanos (las cuatro estaciones), por su vida pasaron dos mujeres (la Tierra y la Luna), tuvo un solo hijo (igual que Osiris) y doce generales (los signos del Zodíaco). Como el Sol, Napoleón inició su marcha en el Oriente (Egipto) pero fue a morir al Occidente (Santa Elena) tras haber intentado alejarse del Ecuador para sufrir su mayor derrota en los campos helados de Rusia.
En 1835, todavía vivía mucha gente que había conocido a Napoleón o tenía recuerdos de esos años. Por toda Europa había huellas de las guerras napoleónicas. Sin embargo, argumentaba Perès, si el corso (que ya se estaba convirtiendo en leyenda) hubiera vivido tres mil años antes y sólo contáramos con versiones literarias de su vida, los eruditos ya se hubieran puesto a explicar su carrera en términos astrales o meteorológicos.
Por supuesto, nadie llegó a dudar de la existencia de Napoleón. La argumentación de Perès era impecable y se ajustaba perfectamente al paradigma del momento, pero tenía un inconveniente: no se ajustaba a los hechos. Pero lo que no sospechó Perès fue que en el siglo XX, a pesar de todos los avances metodológicos, se construirían seudohistorias arbitrarias para usarlas como soporte de una identidad étnica o un interés político. En ciertos casos, esas seudohistorias se transferirían a los planes de estudio destinados a ciertas minorías, erigiendo el multiculturalismo en criterio de verdad.
Todo empezó en Africa
Cuando la egiptóloga Mary Lefkovitz se hizo cargo en 1993 de una cátedra en Howard (Washington) se sorprendió de que toda la comunidad universitaria estuviera obsesionada por Egipto. Los estudiantes, negros en su mayoría, usaban ropas y collares “egipcios”, sabían de memoria el Libro de los Muertos y teatralizaban historias de faraones. Más sorprendida quedó cuando comenzaron a preguntarle cómo hacían los egipcios para controlar la electricidad o cuándo habían colonizado Europa. Un día le explicaron que la pintura egipcia de un pájaro representaba un avanzado planeador.
La egiptóloga acababa de tropezar con el afrocentrismo, un movimiento ideológico nacido entre ciertos grupos afronorteamericanos de Estados Unidos que también comienza a proyectarse en Europa, de la mano de las migraciones.
El nacionalismo negro fue creado en los años veinte por el jamaiquino Marcus Garvey. El discutido líder separatista enseñaba que bastaría con inculcar sentimientos de superioridad en los jóvenes negros para que aprendieran a sentirse ganadores.
Con el tiempo, algunos intelectuales afros no se conformaron con reivindicar la negritud. Se lanzaron a reconstruir la historia universal con criterios “africanistas” y crearon una seudohistoria que hoy tiene sus profesores y sus cátedras. Los ciudadanos negros de Milwaukee, por ejemplo, pueden educarse en escuelas “de inmersión afrocéntrica” llamadas M. Luther King o Malcolm X. En Atlanta, Washington D.C. y Detroit no sólo aprenderán a rescatar sus raíces. Les enseñarán que toda la civilización occidental ha sido robada a los africanos, que Sócrates y Cleopatra eran negros y que Aristóteles era un plagiario. En ciertos casos les hablarán de la superioridad de “la gente del Sol” sobre “la gente del hielo” o les hablarán del “melanismo”, un nuevo racismo que -.a falta de Atlántida-. pone el origen de la raza negra en el continente perdido de Mu.
Naturalmente éste es el resultado de siglos de colonialismo, esclavitud, segregación y discriminación, que terminan por engendrar estas reacciones. Pero no por eso deja de estar llena de disparates.
Mentiras piadosas
Los principios afrocéntricos pueden encontrarse en las obras de profesores universitarios norteamericanos como George M. James, Martin Bernal (Atena negra, 1987), Molefi Asante, Leonard Jeffries, Yosef A. A. ben Jochannan o del senegalés Cheikh Anta Diop (Civilización o barbarie, 1981). Todos convergen en tres tesis:
-Egipto fue la mayor civilización de la Antigüedad; de allí los griegos tomaron toda su cultura.
-Los egipcios eran negros.
-Existió una enorme conspiración para mantener ocultos estos hechos.
Lo primero que llama la atención es que los afronorteamericanos hayan elegido Egipto como cuna de sus ancestros. Si realmente hubiesen querido estar orgullosos de sus orígenes, hubieran podido exaltar las civilizaciones del Africa Negra como Nubia, Axum, Mali, Ife, Benin y Zimbabwe, de algunas de las cuales quizá vinieran sus antepasados.
De hecho, al empeñarse en ser egipcios parecen sucumbir al prejuicio eurocéntrico. En lugar de reivindicar sus culturas africanas, se apropian de figuras como Cleopatra, cuya popularidad se debe ante todo a Hollywood. Recordemos que también abundan las personas que dicen ser la reencarnación de Cleopatra, pero muy pocas de Nefertiti.
La situación no es nueva; en tiempos de Filón, los judíos alejandrinos aseguraban que Platón había estudiado con Moisés. Pero entonces la historia todavía no aspiraba a ser una ciencia rigurosa.
Para los afrocéntricos, todas las grandes figuras romanas nacidas en Africa, como San Agustín o el poeta Terencio, fueron negros. Lo mismo dicen del estratega cartaginés Aníbal, que como buen fenicio era de origen cananeo. Pero también se asegura que el ateniense Sócrates, a quien sus vecinos comparaban con un sileno (fauno) debía ser negro, porque lo mismo decían de los etíopes...
Entre los más pintorescos aspirantes a la negritud se encuentra Cleopatra VII, aquella que hizo célebre Liz Taylor. Obsérvese que, por corrección política, en las versiones cinematográficas más recientes Cleopatra aparece cada vez más tostada. Cleopatra no era egipcia, como no lo eran los Tolomeos, venidos de los Balcanes. Lo único dudoso en su genealogía es la pigmentación de su abuela paterna, la amante de Tolomeo IX. Pero con eso les basta a los afrocentristas para afirmar que la más famosa de las Cleopatras era negra.
Los morenos del Nilo
¿De qué color eran los antiguos egipcios? No se trata de una cuestión metafísica, porque nos han dejado abundantes pinturas y esculturas. Por supuesto, ni siquiera Neustadt los hubiera hecho rubios y de ojos celestes, y quizás en Alabama no los hubiesen dejado entrar a un restaurante. Los afrocéntricos más moderados, como el senegalés Diop, los encuadran en la raza “hamítica”, una categoría del siglo XIX hoy caída en desuso, como el mismo concepto de "raza".
Sabemos que los egipcios se veían a sí mismos como más claros que los nubios y más oscuros que los libios. De hecho, hubo faraones venidos de Nubia, es decir, negros. Al parecer los egipcios no discriminaban demasiado y deben haber practicado un activo mestizaje. En cuanto a los egipcios modernos, se molestaron cuando Hollywood eligió a un actor negro para interpretar a Anwar el Sadat.
El botín de Aristóteles
Según otro dogma afrocéntrico, los griegos nunca tuvieron talento para la ciencia, la filosofía y el arte. El culto de Sócrates, Platón y Aristóteles fue una suerte de “operación de prensa” que dominó las políticas educativas de los últimos 2500 años. En realidad, todo el saber que se atribuye a los griegos fue robado a Egipto, es decir a los africanos.
Así lo enseñó George G. M. James en su libro La herencia robada (1954), una de las Biblias afrocentristas. Para James, la historia que nos enseñaron ha sido deformada para ocultar estas verdades, pero ahora ha llegado la hora del revisionismo.
Según James, los griegos perdieron las guerras contra los persas, pero nos hicieron creer lo contrario. La filosofía griega es un plagio del Libro de los Muertos egipcio. El cual, como sabemos, no era un libro de filosofía sino una serie de prescripciones rituales.
Aristóteles, que desde el Renacimiento había dejado de recibir insultos, ha vuelto a ser el malo de la película. James dice que él saqueó los textos africanos (egipcios) que estaban en la Biblioteca de Alejandría para copiar todas sus ideas. Luego otros griegos destruyeron la Biblioteca para no dejar huellas.
El disparate es total, si se considera que Aristóteles murió en 322, unos años antes de que se fundara la Biblioteca; es imposible que visitara algo que aún no existía. Sin embargo, cuando Mary Lefkovitz se lo hizo notar a Ben Jochannan en una conferencia de 1996, los estudiantes la acusaron de “racista” y la obligaron a callarse.
Por otra parte, en la destrucción de la biblioteca colaboraron César, Aureliano, Teodosio y el califa Omar, a quien la tradición cargó con todas las culpas. De hecho, ningún griego.Desde esta lectura conspirativa de la historia también se ha puesto en circulación la leyenda de que la nariz de la Esfinge fue mandada mutilar por Napoleón para ocultar sus rasgos negroides, que aparentemente no habían molestado a nadie hasta entonces.
Esto lo denunció ante millones de personas Louis Farrakhan, el líder de los Musulmanes Negros, el mismo que asegura haberse entrevistado varias veces con Malcolm X, que estaría vivo en una nave espacial orbitando la Tierra. Su grupo, La Nación del Islam, también editó el libro de Tony Martin Las relaciones secretas entre negros y judíos, donde acusa a “los judíos” de haber manejado el tráfico de esclavos entre Africa y América. Un cuadro alarmante porque recuerda a las especulaciones de los ariosofistas y racistas vieneses de principios de siglo.
Por si a alguien le interesa, la nariz de la Esfinge fue mutilada en el año 1378 por el fanático sufí Mohammed Sa’im al-Dahr, un hombre del Islam.
Los egipcios, un mito griego
Se podría decir que el mito de la superioridad egipcia fue construido por los griegos, especialmente Heródoto y Platón. La influencia de la cultura egipcia sobre los griegos es algo ampliamente reconocido, y abarca desde la escultura primitiva y las columnas dóricas hasta la trigonometría de Pitágoras y Tales de Mileto. Los griegos del período clásico alababan a sus maestros los egipcios, sin sospechar que algún día serían acusados de robarles.
Las fantasías en torno a la sabiduría egipcia renacieron durante el Imperio Romano, cuando se escribieron los libros apócrifos de Hermes Trismegisto.
Otro hito importante para la mitificación moderna de Egipto y las pirámides fue una novela histórica del siglo XVIII. En 1732 el abate Terrasson, un profesor de griego, escribió la novela Sethos, donde atribuía a los egipcios una sabiduría secreta llamada Sistema de los Misterios. En su época, todavía no se habían descifrado los jeroglíficos, y Terrasson hacía uso de su imaginación; pero, como suele ocurrir, hubo mucha gente que se lo tomó en serio. El Sistema de los Misterios, tal como él lo había imaginado, fue incorporado al ritual masónico y pasó tal cual a La flauta mágica de Mozart.
Lo que había hecho Terrasson era volver a mitificar a los egipcios, continuando la obra de griegos y romanos. Pero lo que no imaginó es que ese mito sería usado en el siglo XX con fines ideológicos.
En cierto modo, algo tienen de razón los afrocéntricos: todos somos de origen africano. Por lo que sabemos hasta hoy, todos derivamos de aquellos australopitécidos de Etiopía o Tanzania que vivían en Africa hace dos millones de años, pero es probable que entonces todos tuvieran la misma pigmentación.
Deconstruyendo el mito
Una de las escasas voces que han intentado sacar al afrocentrismo de su contexto político para juzgarlo como dislate histórico ha sido la de Mary Lefkowitz, autora del libro Not Out of Africa (1996), subtitulado Cómo el afrocentrismo llegó a ser la excusa para enseñar mitos en lugar de historia.
La egiptóloga asegura que hubiera deseado no tener que escribir cosas como éstas, pero sigue pensando que “las universidades no deberían contratar geógrafos que enseñaran que la Tierra es plana”.
Sin embargo, su voz ha quedado casi aislada en el mundo académico. En privado todos admiten que la seudohistoria afrocéntrica es un delirio sin fundamentos, pero temen ser confundidos con los racistas blancos. Por supuesto, éstos son los frutos del racismo blanco y de las nuevas formas seudocientíficas de discriminación hacia los negros que recientemente han vuelto a aparecer en Estados Unidos. Pero el producto es un disparate. Además, como señalan algunas voces académicas, es hipócritamente tolerado en nombre del multiculturalismo por una clase gobernante más bien racista, para darles a los negros una educación deficiente y mantenerlos alejados del poder de decisión.
Los negros terminan siendo, pues, las primeras víctimas del afrocentrismo y reciben una educación que las universidades no darían jamás a los estudiantes blancos. Recordemos que en Un mundo feliz de Huxley, los Alfas, Betas y Gammas eran felices porque se les hacía creer que cada grupo era superior al resto.
La víctima más importante –además de la lucha contra el racismo– resulta ser la verdad histórica, que naufraga en un mar de relativismo, el mismo en que nadan otros revisionismos caprichosos como el de los creacionistas o los negadores del Holocausto. Con tal variedad de propuestas, un hipotético niño norteamericano que cambiara varias veces de domicilio y de escuela podría llegar a tener ideas algo confusas sobre Cleopatra: ¿negra, lesbiana, nacida en la Atlántida, en Mu o extraterrestre?
Admitimos que el saber histórico se construye, pero como en cualquier otra ciencia, la evidencia fáctica es la que tiene la última palabra. Pero así como existen seudociencias casi inocuas que sólo seducen a pequeños grupos, una historia escrita a la medida de los intereses políticos puede llegar a tener un alcance tan imprevisible como indeseable.
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Juárez y el Estado laico
El indio zapoteca que llegó a ser presidente. (Carta de un quídam guanajuatense a un ídem de capital a principios de 1858: “Ha llegado a ésta un indio que se dice presidente de
Bicentenario del Benemérito: Todos los Juárez posibles menos uno: el de
Sin reforma no hay Juárez. El indio de Guelatao sólo se hace notar en forma recia en política nacional a los 48 años de edad, cuando se inicia el gran movimiento de reforma. Antes, es una figura local en uno de los estados más pobres del país. Todavía en 1855 los diplomáticos extranjeros que informan a sus gobiernos sobre política mexicana lo catalogan como figura de tercer orden, a la cola de muchos otros liberales. Juárez es hechura de la reforma y será su dirigente más emblemático. Pero
La reforma es también la obra de miles de mexicanos que encabezaron los movimientos liberales en las provincias enfrentando el poder de la tradición, el oscurantismo y el fundamentalismo del México Bárbaro de entonces. Pero, sobre todo,
Porque
La suma del poder espiritual y material de
Por el otro lado, la imagen que presentaba el naciente Estado independiente era lamentable. El primero y más difícil de los retos era construir una autoridad legítima diferente a la del rey para una población que había vivido bajo una monarquía centralista desde la época prehispánica. ¿Qué tanto debían diferir las nuevas formas de gobierno de las tradicionales? En medio siglo se probaron un imperio criollo, el federalismo, la república centralista, la dictadura bonapartista y un imperio de origen austriaco. Las fluctuaciones en las formas de Estado probadas y desechadas contrastaban con la inamovilidad del poder de la iglesia, basado en siglos de tradición.
El poder real descansaba en
La situación no tenía más que dos salidas:
Bicentenario del Benemérito: símbolo político, lucidez y visión de estadista en un momento extraordinario de la historia en que los mexicanos pasaron varias pruebas en forma sobresaliente:
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domingo, julio 23, 2006
Globalización y pobreza
Sólo conozco un tema que es tan controversial como el debate científico sobre el calentamiento global: los costos y beneficios de la globalización. Todos tenemos ideas muy firmes sobre sus efectos en la pobreza y la desigualdad y muy poca gente no está interesada en la mejoría de los desheredados del mundo. La prensa económica, los organismos económicos internacionales, los empresarios y la mayoría de los gobiernos occidentales afirman que el libre mercado amplía las perspectivas de los pobres; esta visión es compartida por el estrato más alto de la sociedad, mientras que activistas y académicos de otros ámbitos sustentan con mucha convicción lo contrario. Sin embargo, la robustez de las convicciones de alguien suele estar en proporción inversa al número de pruebas objetivas, sólidas, que conoce.
La expansión del comercio y las inversiones extranjeras (panacea que proponen la mayoría de los gobiernos conservadores para resolver los problemas de miseria) perecen tener muy poco efecto en la disminución de la pobreza. Antes de 1949, los pobres de EEUU, India, Inglaterra o México vivían más o menos igual. Al término de
Las razones a favor del liberalismo económico se basan en el principio añejo de las ventajas relativas: la idea de que a los países les va mejor económicamente cuando exportan los bienes que mejor producen e importan lo demás. A principios del siglo XIX, David Ricardo llega Ministro de Gran Bretaña e impone el libre mercado con la idea de que llevaría prosperidad y riqueza a toda Inglaterra. La realidad fue otra, los monopolios crecieron espectacularmente y aplastan a los productores pequeños. El sistema destruye zonas productivas, hay hambre, desempleo, protestas y caos social. Luego de esa experiencia, ningún país trata de imponer el liberalismo económico por décadas. Sin embargo, el libre comercio se sigue expandiendo por el mundo. Loas economistas mantienen enormes discrepancias acerca de los beneficios potenciales y los costos reales derivados del comercio y acerca de la importancia de la protección social para los pobres. Los librecambistas creen que la marea en ascenso de las inversiones y la especialización internacionales pondrán a todos a flote. Otros no son tan optimistas, señalan que gran parte de las poblaciones pobres carecen de la capacidad de adaptación, equipamiento y reubicación requeridas. Lo que dicen estos economistas es que la globalización hace más ricos a los ricos y más pobres a los pobres, los proglobalizadores aseveran que ayuda a los pobres.
La realidad es muy diferente. Según cifras del Banco Mundial, en América Latina:
-En 1986, viven con menos de 2 dólares diarios 137 millones 500 mil personas (33.75% de la población). En 1998, son 179 millones 800 mil (35.8% de la población)
-En 1986, viven con menos de un dólar diario 54 millones 200 mil (13.3% de la población). En 1998 son 78 millones (15.55% de la población).
*Otros organismos lanzan cifras todavía más alarmantes.
Según el Banco Internacional de Desarrollo, la riqueza en América Latina está dividida de manera muy desigual: 10% de los latinoamericanos más ricos ganan 84 veces lo que ganan el 19% de los latinoamericanos más pobres.
La situación de los niños es todavía peor, en el 2001:
-58% vive en la miseria.
-1 de cada tres sufre de desnutrición.
-30% de los hogares son de madres solteras.
-Se desconoce el número de niños que viven en la calle o en desamparo total.
Entre 1960 y 1980 el número de pobres en México es fijo: 30 millones. Para 1998, 43 millones 430 mil (43% de la población) vive con menos de dos dólares diarios y 18 millones 180 mil viven con menos de un dólar diario. Con el agravante que un dólar compra más en 1980 que en 1998. Según otras fuentes, es mucho peor. Mientras que 37 empresas controlan 25% de lo que produce México, 70% de la población se reparte un tercio de la riqueza nacional.
Según el gobierno mexicano:
-43% de los niños menores de 5 años viven en la pobreza o en la miseria.
-30% de los niños menores de 5 años están desnutridos.
-Prácticamente todos los hogares rurales viven en la pobreza o en la miseria.
-14% de los hogares no tienen agua potable.
-9 de cada 10 hogares indígenas viven en pobreza extrema.
*Otras fuentes dicen que es mucho peor.
Sin embargo, la pobreza ha retrocedido en China, India, Corea, Indonesia y en general en todo el sudeste asiático. Entre 1981 y 2001 el porcentaje de población rural que vivía con menos de un dólar diario decreció del 79 al 27 por ciento en China, del 63 al 42 en India y del 55 al 11 en Indonesia.
Aunque los más pobres no estén en general empobreciéndose más nadie ha demostrado que la mejora se deba a la globalización. En China, la reducción de la pobreza podría deberse a factores internos como la expansión de la infraestructura (carreteras, puentes, trenes bala), la masiva reforma agraria de 1978 y un largo etc. Análogamente, la reducción de la pobreza en India se atribuye a la propagación de
Los que somos escépticos a los beneficios del liberalismo económico señalamos que la pobreza del África subsahariana se mantiene tercamente alta.
Por suerte, los dos bandos del debate llegan a un acuerdo lentamente. Según muchos economistas, para que un país progrese con el liberalismo económico el gobierno debería redistribuir el patrimonio y las rentas de modo que los ganadores de la política de apertura compartieran sus ganancias con los perdedores. Ciertos programas suscitan poca controversia, tales como los que ayudan a los trabajadores a capacitarse, las becas que facilitan la escolarización de los niños pobres, las pensiones a grupos históricamente desprotegidos como madres solteras, discapacitados y ancianos (por lo menos no causan controversia en países industrializados, que no en México, como recientemente constatamos).
Los radicalismos no son buenos para combatir la pobreza. La globalización no es veneno ni panacea para el progreso de un país. Hay que apreciar la complejidad y la variedad de factores involucrados. Políticas públicas de corte socialista con políticas internacionales globalifílicas podrían ser más fructíferas que los simplismos del “ciudadano fuerte” ( por no decir “anarcocapitalista fuerte”) que enarbola la derecha en muchos países del mundo.
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martes, junio 13, 2006
De los mitos de la derecha
Recientemente me volví a topar con uno de los mitos más famosos que abraza comúnmente la derecha. El mito se refiere a la figura de Juárez. A la que les gusta ver como una figura malvada que no fue ni de cerca el defensor de las libertades individuales ni el laico defensor del Estado de derecho que realmente fue. Uno de los ataques que hacen a su personalidad ciertos “historiadores”, que me recuerdan más a los negadores del Holocausto que a Suetonio, es que quería vender el istmo de Tehuantepec a los EEUU. Usualmente ignoro a estas personas porque entonces terminaríamos discutiendo las virtudes “democráticas” de Gómez Morín o la bondad de las misiones evangelizadoras con los indígenas de nuestro país. Como sea, ésta vez voy a escribir sobre este mito genial.
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jueves, abril 06, 2006
El horizonte de un racionalismo productivo
Se podrá argüir que conocer esa respuesta sería como tener la fórmula de la Coca-Cola en el Amazonas, donde hay pocos inversores y ninguna demanda. Sin embargo, pareciera que –al menos en Latinoamérica y España– estamos atravesando un período donde no hay que ser visionario para acertar con el diagnóstico: nunca como ahora (ruego al lector me desmienta si mi percepción está errada), tantos intelectuales, escritores, científicos, artistas, militantes por los derechos civiles coincidieron en afirmar su hastío ante la intromisión de las burocracias religiosas en asuntos tan palmariamente humanos y ajenos a los distritos de la fe. Tal vez porque nunca como ahora esa intrusión estuvo tan clara.
Hoy, una minoría irreligiosa tiene el privilegio de compartir el sentimiento de millones de creyentes que, con la unción de Benedicto XVI, ven venir la exacerbación fundamentalista.
El ex cardenal Joseph Ratzinger, de quien debería preocupar menos su pasado que su presente, ahora cuenta con la bendición incondicional del Altísimo para arremeter contra los ciegos ante la realidad de Dios y relativistas morales que –en nombre de la secularización– son la antesala de abominaciones infernales como el derecho a disfrutar de una pareja del mismo sexo, a disponer de una vida y una muerte dignas, a forrarse el pene para impedir la expansión del HIV y hasta el derecho a no creer en ningún dios.
En la Argentina, la espontánea reacción masiva que salió a las calles para respaldar la libertad de expresión del artista León Ferrari, la campaña contra el HIV del gobierno (que comenzó a distribuir 18 millones de contraceptivos pasando por alto la condena del Episcopado) y el hecho de que el 66% de los españoles concuerden con la ley que regulará en su país los matrimonios homosexuales (“la más importante provocación que ha sufrido la fe cristiana”, según el obispo Jesús García Burillo), parecen ser puntas del mismo iceberg.
La Iglesia, según el creciente estado de opinión, no tiene por qué intervenir en la libre elección de quienes no comulgan con sus creencias. En cada vez más sociedades se hacen oir voces que reclaman la vigencia de un estado de igualdad ante la ley que coincide con los principios del laicismo, la filosofía política que aspira a lograr la neutralidad confesional del Estado en aquellas instancias claves en la vida de las personas donde no deben prevalecer valores discutibles como las tradiciones, la fe o incluso la falta de ella si no el derecho de cada individuo a ejercer su libertad de conciencia.
Lo curioso es que este clima (que con la mística adecuada podría encausar ese sentimiento de insatisfacción) no parece estar acompañado por un movimiento social que no sólo declame la voluntad de contrapesar la influencia de la Iglesia, sino que posea la organización capaz de introducir o profundizar los cambios que mantengan su influjo alejado de los espacios públicos: hasta ahora, ningún movimiento humanista secular, racionalista, ateo, agnóstico, brillante o apagado, logró articular (no ya impulsar) un programa con suficiente fuerza de convicción, consenso y motivación que inspire a millones de almas dispuestas a firmar un llamamiento a emancipar a los hombres –laicos o ateos, agnósticos o religiosos– de los caprichos dogmáticos del fundamentalismo.
Quién sabe: a lo mejor, apelar a esa mística es contraproducente [2]. Las profecías seculares de Marx y Engels motivaron a las masas a la acción para que impusieran sus programas –fugazmente, eso sí– en varios países y el mundo siguió girando a despecho del optimismo que sus pronósticos suscitaron: la humanidad caminó en puntas de pie entre dos guerras mundiales, una tercera tan fría que de esa tensión estalló la revolución tecnológica (en ocasiones contra natura, cosa que no es de bien pensantes atribuir a la insensibilidad científica sino a despiadados regímenes políticos) y, entre tanto, ya cayeron dos bombas atómicas, un muro y dos torres.
Hoy basta prender la TV a cualquier hora para constatar que el capitalismo –con sus lacras globalizadas– luce radiante: la revolución socialista –en cualquiera de sus presentaciones– fracasó en toda la línea. Sus esbozos más recientes hacen bostezar a los nostálgicos que repasan los cuadernos del Che, ponen en el Winco el último LP de Silvio Rodríguez o desesperan porque ni en las reuniones de consorcio quedan vestigios de las consignas de la Revolución Francesa. El socialismo no se ha extinguido pero, salvo algunos partidos poco visibles, ya no espera arrasar con el capitalismo por la fuerza de las armas o por la presión de multitudes hambreadas enfrentando en las calles a las fuerzas represivas: ahora participan de la democracia con la ilusión de que, poco a poco, sus propuestas serán eventualmente consagradas por el voto de la mayoría (siempre y cuando sus principios sobrevivan a la voracidad del sistema).
El laicismo no tiene por qué perder ninguna batalla. Sólo necesita objetivos claros, fáciles de comunicar y capaces de autorreproducirse. Si esos objetivos están poco teñidos de ideología, tanto mejor: su exceso torna sospechosas a las mejores intenciones. Probablemente, una de las desviaciones mezquinas de la secularización –que si constituye una amenaza de la libertad de cultos puede poner en peligro el pluralismo y por lo tanto la democracia– es la sacralización de la racionalidad como verdad opuesta a la espiritualidad.
Esa reificación de la razón como fuente de “valores verdaderos” puede anegarse en el sentimiento de impotencia que suele despertar el coyuntural éxito de voceros religiosos cuya extraordinaria capacidad para influir sobre políticas públicas enoja tanto.
Algunos ateos, más los que confunden laicismo con sermón comecuras, deberían considerar que la utopía de un mundo liberado de la religión también entraña riesgos totalitarios y que el modo de construir el laicismo no es sobre la base de la diatriba antirreligiosa sino sobre propuestas que consagren la igualdad ante la ley.
A mi modo de ver, a los librepensadores del mundo, sobre todo a los más preocupados por el poder del fundamentalismo católico, les falta un tornillo para ajustar su cosmovisión. Y ese tornillo a veces es el que los conecta con la realidad: en muchos ambientes se advierte un discurso orientado a luchar por un mundo sin religión. Pero el sueño ateo de un mundo liberado de las religiones, la magia o de lo sobrenatural no sólo es imposible sino que las consecuencias de esa lucha pueden dejar heridas tan graves como las que causa el fundamentalismo que se repudia. La sed de espiritualidad es inherente a millones de seres humanos, y su religiosidad –salvo mejor argumento– debe ser comprendida como un compensador que regula las tensiones sociales: los argumentos lógicos que defiende el racionalismo ateo son incapaces de modificar los permanentes desajustes entre realidad material y sueños de prosperidad, entre los deseos de ascenso social y las estrategias psicológicas propias de quienes abrevan de lo sagrado para resistir a las frustraciones de vivir en un mundo injusto. El discurso racionalista, a menos que profundice su capacidad para introducir transformaciones sociales, no sustraerá a la mente religiosa de la ilusión de una vida futura donde “todo será mejor”.
Nada, menos las utopías sociales productivas, tiene que ser considerado valor inalterable en un mundo sacudido por flujos y reflujos culturales que reclaman continuas revisiones. Por eso, entiendo que la tolerancia a la diversidad cultural es un valor que debe ser defendido con la misma vehemencia con que se exige el derecho a ser iguales ante la ley: la religión tiene tanto derecho a expresar sus dogmas como el que tienen los racionalistas de criticarlos, incluso en el marco de la educación pública.
Ningún ateo seguro de la ausencia de Dios, ningún científico convencido de los beneficios del escepticismo ante las promesas de las creencias de moda, ningún racionalista dispuesto a participar en el peor talk-show para defender sus ideas y ningún bright con su mente bien lustrada para desafiar el discurso de los vendedores de paraísos artificiales, debería pensar que conseguirá imponer su opinión azuzando el “peligro social” de las creencias rivales. Hace falta –como lo dijo el filósofo francés Henri Peña-Ruiz– un “ideal positivo, no reactivo”: resaltar lo que es común a todos, más allá de las diferencias. “La libertad de conciencia –continúa– no es religiosa o atea en sí misma: es la facultad de elegir sin la obligación de adherir a una versión determinada de la espiritualidad” [3].
El rechazo que causa la exagerada presencia mediática del discurso de voceros de una religión invasiva no tiene que hacer perder el pie ante estos desafíos. Que no deben enfrentar dogmas teístas con ideologías de signo contrario sino preservar los principios comunes de las sociedades democráticas. Dice Peña-Ruiz: “La humanidad es una antes de especificarse en creencias, así que (el laicismo) es también un principio de fraternidad”. Por eso, uno de los desafíos es extender el reclamo por una coexistencia ecuánime de todas las opciones espirituales, incluida la que no tiene ninguna. Y eso sólo se conseguirá exigiendo la separación de la Iglesia del Estado. ¿Le parece poco? No crea.
1. Los Bright (“brillantes”) proponen difundir la concepción naturalista del mundo, liberarla de elementos sobrenaturales y místicos y educar a la sociedad en los principios de una participación igualitaria de todos los ciudadanos en la vida pública. Es impulsada, entre otros, por Richard Dawkins y Daniel Dennett. Web: http://www.the-brights.net/
2. La etiqueta Bright fue ampliamente cuestionada. Ver The Big “Bright” Brouhaha - An Empirical Study on an Emerging Skeptical Movement, por Michael Shermer. http://www.skeptic.com/
3. Peña-Ruiz, Henri “La laicidad como principio fundamental de libertad espiritual y de igualdad. Conferencia celebrada en Madrid el 18 de noviembre del año 2000. http://www.europalaica.com/
Alejandro Agostinelli es periodista, escritor, y secretario de redacción de la revista de divulgación científica Neo. Es miembro consultor de la revista Pensar.
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