jueves, octubre 12, 2006

Ciencia, religión y mujeres

El primero de octubre, el diario 8 columnas publicó una entrevista al cardenal de Guadalajara, Juan Sandoval Iñiguez, sobre la postura de la iglesia católica sobre el depositario de la autoridad familiar. Casi todo en la entrevista se puede aprovechar, entre las perlas destacadas están:

“La palabra del Señor al instituir el matrimonio en los orígenes de la humanidad, fue: «se unirá el hombre a su mujer y serán los dos una sola cosa» y que no es bueno enfocar las cosas desde el punto de vista de autoridad y obediencia, del que manda y del que está sujeto, sino para el bien de dos seres humanos de igual dignidad, ambos imagen de Dios y destinatarios de la salvación de Dios, que unen sus vidas por amor.

Hay una razón natural: en cualquier sociedad -la familia es la sociedad más pequeña pero la más importante de todas- tiene que haber una cabeza, no pueden existir dos presidentes de la república, ni dos gobernadores de un estado, ni dos presidentes municipales, etcétera, por lo tanto en la familia tiene que haber una autoridad.

Dios ha querido que esa autoridad recaiga sobre el hombre, pero es una autoridad que San Pablo en su carta a los Efesios capítulo 5, la refiere a la de Cristo con respecto a la Iglesia y al amor y la obediencia de la Iglesia con respecto a Cristo.”

Esta postura no es nueva dentro del catolicismo, la ausencia de sacerdotisas y el papel marginal de la mujer en las actividades y jerarquías eclesiásticas son claros ejemplos de un dogma de superioridad de género. Los teólogos de la Iglesia no estaban convencidos de que la mujer fuera enteramente una criatura humana, y en el Concilio de Mâcon, en el siglo IV de nuestra Era, se discutió frenéticamente si acaso la mujer tenía alma, habiéndose resuelto la cuestión por una escasa mayoría.

Durante siglos fueron pocos los que cuestionaron la inferioridad de la mujer, incluso hubieron quienes suponían que el cerebro femenino era más pequeño que el del varón y su naturaleza más emotiva. En la Edad Media, los teólogos (todos ellos hombres) discutían incluso si las mujeres eran seres humanos -¿Tienen un alma, o eran más equiparables a los animales superiores, como los caballos y perros?-. Las mujeres mismas internalizaron estas actitudes y creían en ellas o las aceptaban.

La Iglesia católica fue la primera en predicar que la opresión de la mujer era algo “natural” (la misma naturaleza de la que habla el cavernal), puesto que en el Génesis se dice que tiene que vivir sometida a la autoridad del hombre. Otro ejemplo, los Diez Mandamientos del Antiguo Testamento no se refieren, en realidad, más que al hombre, mencionándose a la mujer solamente en el noveno, confundida con los criados y los animales domésticos.

Según el cristianismo, la mujer dependía del hombre no sólo porque fue creada de una de las costillas de éste, sino también porque se hizo “pecadora”, corruptora que trajo todos los males a la Tierra, sobre cuyas premisas se fundamentaron las doctrinas misantrópicas de la continencia y la negación a la carne. La mujer estaba considerada como apóstol del diablo y como amenaza potencial para los intereses espirituales del hombre. De modo que, durante el auge del romanticismo y la caballerosidad hacia la mujer, se cometieron discriminaciones tan brutales como el uso del cinturón de castidad.

Desde la antigüedad, la mujer culta y dedicada a la vida profesional estaba vista como un ser indeseable, anormal y poco femenina; en cambio una mujer que vivía como ángel de la guarda del hogar, dedicada a la maternidad y la felicidad del marido, encajaba perfectamente en los cánones de la Iglesia. En primer lugar, la mujer debía ser devota, ya que si amaba y obedecía a Dios, amaría y obedecería también a su marido; y, en segundo lugar, la mujer debía cultivar la “elegancia social” y, sobre todo, la tolerancia, pues una mujer jovial, amable y de carácter afable -en especial para con el marido- evitaría toda violencia y furor.

Por otro lado, cabe añadir algunas líneas sobre la imagen creada por la religión católica respecto a la “mujer detestable y la mujer venerable”, puesto que ésta es una de las lápidas que más ha pesado sobre la mujer en el mundo cristiano, y, aunque los historiadores admiten que los primeros cristianos no adoraban ni veneraban a mujer alguna, se sabe que desde el esclavismo se identificó a las mujeres con dos arquetipos que representan lo “malo” y lo “bueno”. Es decir, con dos tipos de mujeres diametralmente opuestas: una es Eva, la otra María. La primera se asocia con la “impureza”, el pecado, la maldad y la sexualidad; en tanto la segunda se asocia con la “pureza”, la obediencia, la inocencia y la mediadora entre la Divinidad y la humanidad. Todo arranca de la creencia de que Eva escuchó a Satanás por medio de la serpiente y María escuchó a Dios en boca del ángel Gabriel. Eva fue expulsada del Paraíso por “pecadora”, condenada a ser dominada por el hombre y a “parir a sus hijos con dolor”; en tanto María, quien no recibió mancilla y concibió sin pecado original, fue declarada santa entre todas las mujeres. Así, Eva es la “pecadora” y María la “purificadora”, o como dice el refrán: la muerte a través de Eva y la redención a través de María.

Sin lugar a dudas, la sociedad patriarcal se aprovechó de estos valores ético-morales promovidos por la veneración a la Virgen María y su imagen, para conservar los valores tradicionales relacionados con los valores machistas de la sociedad, como son la castidad, obediencia y sumisión; más todavía, estos arquetipos permanecen latentes en el subconsciente colectivo, puesto que se sigue nombrando a Eva cuando se trata de censurar la conducta de las mujeres que no aprecian la “limpieza moral” o se rebelan contra el sistema patriarcal en defensa de sus legítimos derechos.

Conforme pasó el tiempo y cuando estas posiciones misóginas resultaron insostenibles hubo de surgir una nueva justificación para someter a las mujeres. Lo triste del caso es a partir del siglo 19, el determinismo biológico se trató de soportar con argumentos pseudocientíficos.
E. Huschke, Carl Vogt, Paul Broca y muchos otros deterministas realizaron comparaciones entre las características cerebrales de hombres y mujeres, llegando a conclusiones que iban bien con el paradigma de la época:

“La médula espinal del cerebro de los negros es similar a la que observamos en los niños y las mujeres, y se aproxima, además, al tipo de cerebro que encontramos en los monos superiores” (Huschke, 1854)

En 1879 Gustave Le Bon, principal misógino de la escuela de Broca, escribe el ataque más virulento contra las mujeres de toda la literatura científica moderna. Criticó horrorizado la propuesta de algunos reformadores norteamericanos en el sentido de proporcionar a las mujeres el mismo tipo de educación superior que recibían los hombres:

“El deseo de brindarles la misma educación y, por tanto, de proponerles las mismas metas, es una peligrosa quimera…El día que las mujeres, olvidando las ocupaciones inferiores que les ha asignado la naturaleza, abandonen el hogar para participar en nuestras luchas, ese día comenzará una revolución social, y desaparecerá todo aquello que mantiene unidos los sagrados vínculos de la familia.”

Con investigaciones más profundas y la posterior revisión de esos trabajos controvertidos, el determinismo biológico fue finalmente desechado por otros científicos menos prejuiciosos y más meticulosos y objetivos en sus experimentos y datos recolectados. Por otro lado, la posición de las religiones sigue siendo esencialmente la misma. La mujer para el HOMBRE por voluntad divina. La ciencia comete errores pero es capaz de y fomenta la corrección y reevaluación. ¿Cuándo fue la última vez que las religiones hicieron algo parecido?

Fernando Velázquez

6 comentarios:

Antonio dijo...

Saludos,

Dice: "...en cualquier sociedad -la familia es la sociedad más pequeña pero la más importante de todas- tiene que haber una cabeza, no pueden existir dos presidentes de la república, ni dos gobernadores de un estado, ni dos presidentes municipales, etcétera"

Pero luego no tiene empacho en citar a Saulo de Tarso: "San Pablo en su carta a los Efesios capítulo 5, la refiere a la de Cristo con respecto a la Iglesia y al amor y la obediencia de la Iglesia con respecto a Cristo"

¿Por qué entonces no menciona que en la república romana existían dos cónsules, dos pretores y un senado con 300 senadores que gobernaron eficazmente durante los casi 500 años de la expansión romana?

Yo sí creo que hombres y mujeres no somos iguales.

Las mujeres son superiores

Un Abrazo

mathcons dijo...

coincido contigo antonio. Aunque no hay evidencia que soporte lo de la superioridad de las mujeres. Yo me sumo a Desmond Morris, somos iguales pero diferentes.

un abrazo,
fernando velázquez

JASO dijo...

Es irritante la posición que históricamente ha adoptado la iglesia para con las féminas.
Desde el AT en donde se les trataba como mercancía hasta la santa inquisición y aún.

Saludos.

mathcons dijo...

más irritante encuentro los intentos de algunas feministas que se han dedicado a tratar de demostrar que la biblia, pero en especial el nuevo testamento, es un texto a favor de la equidad de género.

un abrazo,
fernando velázquez

Vil Clinton dijo...

Curiosidades de Google. Si buscas "religion women" en Google Images, sale esto en la primera página de resultados

Pereque dijo...

El "Ocho Calumnias", como le decimos de cariño acá en el metrorrancho, no sirve ni para envolver la vajilla. Es mocho hasta para los estándares jaliscienses, ya sabrán...

Muy buena entrada, Fernando. - P.