Un sumario de las teorías científicas más locas (y desgraciadamente falsas) de la era moderna.
https://youtu.be/-pCzLbCCppo
lunes, mayo 07, 2018
El video del día
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sábado, abril 25, 2009
Sueños proféticos
La naturaleza perturbadoramente cercana de las predicciones que hacen los llamados "sueños proféticos" son campo fértil de engañabobos, autoengañados y crédulos por igual. También son tema muy común cuando en las reuniones llega la hora de hablar de lo "paranormal".
Pero como bien explica John Allen Paulos en su libro "El hombre anumérico" (lectura muy recomendada por cierto), " la coincidencia permite dar una explicación más racional de tales experiencias".
Allen nos invita a suponer que la probabilidad de que un sueño coincida en unos cuentos detalles claros con una secuencia de hechos de la vida real es de 0.0001. Si suponemos que la probabilidad de un sueño premonitorio un día es independiente de otro día, tenemos que en un año la probabilidad de no tener sueños proféticos ni un sólo día es de (0.9999)^365=0.964; lo que se traduce que en un año el 96% de la población sólo tendrá sueños fallidos, y aproximadamente el 4% tendrá al menos 1 sueño profético.
Multiplicado por la población de cualquier país, la cantidad de gente con sueños proféticos es bastante alta. Lo raro no es entonces que ocurran los sueños proféticos, al contrario, raro sería que no los hubiera.
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viernes, diciembre 12, 2008
Tributo a Michael Crichton
Michael Crichton falleció el 4 de noviembre del 2008. Falleció de cáncer, una enfermedad que ni siquiera sabía que padecía.En retrospectiva, creo que sabía muy poco de la vida personal del hombre que puso la semilla de la duda en muchas de las cosas que cuestiono todo el tiempo.
Lo interesante de Michael Crichton no es solo que fuera un novelista exitoso, o productor reconocido; una labor menos reconocida pero no menos importante es su función como vocero de puntos de vista muy controversiales en el terreno de la ciencia.
Robert L. Park no coincidía con él en su visión del calentamiento global, probablemente serían aliados en en su crítica al gasto de la NASA en los viajes tripulados por seres humanos. Pero creo que todo escéptico debería reconocer su papel de agente incómodo de las áreas grises de la ciencia.
Quiero dedicer unas pocas líneas al hombre que siempre trató que fuéramos un poco menos cobardes, más libres y mucho más racionales.
Recomiendo leer sus columnas en Variety, leer sus novelas y sobre todo, leer sus discursos.
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sábado, noviembre 01, 2008
Cuánto sube el mar en el mundo y España
Un estudio realizado por un equipo internacional de investigadores ha señalado que el nivel del mar entre 1961 y el 2003 aumentó un 50% más de lo estimado en el informe de 2007 del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC). Tras utilizar resultados generados por modelos climáticos y observaciones mejoradas, los científicos han afirmado que subió 1,5 milímetros al año, es decir, 6,3 centímetros en dicho periodo.
Asimismo, investigadores británicos y finlandeses han predicho mediante un modelo informático que para finales del siglo XXI el nivel podría subir entre 0,8 cm y un metro y medio. Este resultado también es muy superior a los pronósticos del IPCC, que señalaban una subida promedio de entre 28 y 43 cm. Por su parte, el investigador alemán Stefan Rahmstorf, utilizando en este caso datos de satélite, llegaba a unos resultados similares (entre 0,5 y 1,4 metros). En esta web se muestra cómo podría afectar la subida del nivel del mar a cualquier zona del litoral dependiendo de los metros alcanzados.
Las consecuencias de este incremento podrían ser nefastas en muchos lugares del planeta, alertan algunos expertos. En este sentido, 150 millones de personas viven a menos de un metro de la línea de costa, mientras que otros 250 millones viven a menos de cinco metros. Así, millones de habitantes de islas y países con costas bajas o tierras bajas productoras de arroz, como Vietnam, China, India o Tailandia,
podrían verse especialmente afectados, y ya hay quien habla de "refugiados climáticos".
Greenpeace asegura que las zonas más expuestas serían Asia meridional y sudoriental, con aumentos menores pero igualmente importantes en África oriental y occidental y el Mediterráneo, desde Turquía hasta Argelia. Bangladesh o islas como las Maldivas se encontrarían entre las víctimas más probables.
Asimismo, apuntan los responsables de esta organización ecologista, las islas bajas del Pacífico, el océano Índico y el Caribe son especialmente vulnerables: naciones insulares como Kiribati corren riesgo de desaparecer bajo el agua por la combinación de una subida del nivel del mar y de maremotos.
Cómo podría impactar en España el aumento del nivel del mar
En el caso de España, el informe del IPCC de 2007 señalaba que las costas españolas serán más vulnerables por un cambio en la energía del oleaje, destacando un mayor impacto en el Cantábrico y Mediterráneo que en el Atlántico andaluz. Además, la acentuación de la erosión costera afectará a las infraestructuras, fundamentalmente portuarias, tanto de la Península como de Baleares y Canarias.
Greenpeace destaca que se perderá un número importante de playas, sobre todo en el Cantábrico, y buena parte de las zonas bajas costeras se inundarán: Delta del Ebro, Llobregat, Manga del Mar Menor y costa de Doñana.
Por su parte, Iñigo Losada, catedrático de la Universidad de Cantabria, asegura en un estudio sobre la influencia del cambio climático en la costa que las playas del sur y las rías del norte, con excepción de las gallegas, son las más sensibles al aumento del nivel del mar y del oleaje. Así, además de las citadas Manga del Mar Menor y Delta del Ebro, las playas bajas de Murcia y Alicante son las que cuentan con un riesgo mayor. Por ello, este experto cree probable que la zona del Delta del Ebro tenga que cambiar los cultivos de arroz y que el turismo de playa en el Mediterráneo disminuya por la menor superficie de arena.
Asimismo, el informe "El impacto del cambio climático en las zonas costeras" aseguraba que de aquí a 2050 el mar se comerá buena parte de las playas españolas: las del Cantábrico retrocederán unos 15 metros; las del Golfo de Cádiz unos 10 metros y las de la Costa Brava, el sur de Canarias y el sur de Baleares hasta 70 metros. El riesgo de inundaciones por temporales aumentará, y su impacto será mayor en el Mediterráneo, debido a la falta de mareas que actúen de colchón, como
en el Cantábrico. De esta manera, entre Málaga y Algeciras se incrementará un 250% el número de veces que el agua rebase espigones, mientras que en la cornisa cantábrica ese fenómeno se duplicará y en los archipiélagos crecerá un 35%.
Científicos escépticos
No todos los científicos de la comunidad internacional comparten esta visión catastrofista del incremento del nivel del mar. El geólogo Nils-Axel Mörner, en su día director del departamento de Paleogeofísica y Geodinámica de la Universidad de Estocolmo, lo considera un "fraude total". Mörner critica los datos del IPCC, ya que
recuerda que se basan únicamente en modelos informáticos y no en estudios geológicos sobre el terreno.
En este sentido, el equipo del propio Mörner realizó un estudio en las Maldivas, citado como ejemplo de lugar en peligro, que demostraba que el nivel del mar alrededor de estas islas no habría aumentado, sino descendido en las últimas tres décadas. De manera similar se posiciona por ejemplo Chris de Freitas, climatólogo de la Universidad Auckland, en Nueva Zelanda, al recordar que el nivel de los mares disminuye en algunas partes del Pacífico.
El nivel del mar en las islas Maldivas no habría aumentado, sino
descendido en las últimas tres décadas
Por su parte, el climatólogo de la NASA Jay Zwally considera también muy exageradas las predicciones del IPCC. Utilizando datos obtenidos entre 1992 y 2002 por sensores y satélites, su equipo llegó a la conclusión de que el mar se había elevado una media anual de entre 0,03 mm y 0,05 mm. Es decir, que serían necesarios mil años para que el mar subiera los cinco cm del IPCC y 20.000 años para llegar a los
seis metros que apunta Al Gore en su película "Una verdad incómoda".
En España, Antón Uriarte, experto de la Universidad del País Vasco en Paleoclimatología y Cambios Climáticos, considera "un cuento" que el ser humano esté causando un cambio climático, y recuerda que no se dispone de datos suficientes sobre la supuesta subida global media del nivel del mar ocurrida durante los últimos 100 años, por lo que en realidad no hay una conclusión definitiva.
Por qué es complejo estudiar el nivel del mar
Todos los expertos están de acuerdo en que el aumento del nivel del mar y los cambios asociados son muy difíciles de cuantificar. Lasrazones que inciden son muy diversas, si bien las principales son el hielo derretido de los glaciares y las capas polares, así como el descenso de la densidad de las aguas oceánicas y los mares por el aumento de la temperatura de las mismas. Asimismo, el hundimiento del
subsuelo (como en el caso de Venecia), la construcción de embalses, la extracción de aguas subterráneas, los cambios de caudal y curso de los ríos, o los movimientos de tierra en zonas de costa y en deltas de los ríos también pueden variar el nivel del mar.
Además, cabe recordar que el mar no es liso, por lo que su nivel no es el mismo en todos los lugares del planeta. Las corrientes oceánicas amontonan agua en unas zonas y la vacían parcialmente en otras, y las variaciones de las presiones y de los vientos predominantes ocasionan cambios diarios en el nivel del mar de varios centímetros. La salinidad también influye, como por ejemplo en el sur del Báltico, que está 40 cm más bajo que en el norte, al ser más salado que éste, mientras que en el Atlántico hay diferencias de hasta metros.
Asimismo, el fenómeno de El Niño también provoca diferencias interanuales de hasta medio metro en amplias áreas del Pacífico.
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miércoles, octubre 01, 2008
Necrológicas como indicador de importancia cultural
Se dice a veces que la longitud, la posición y la calidad de un artículo necrológico en un periódico es un buen indicador de la importancia que el medio da al personaje.
Yo lo tenía claro desde octubre de 1984. El día 21 de ese mes falleció François Truffaut. Las personas de mediana edad saben perfectamente quién fue: uno de los más carismáticos directores de cine franceses, uno de los teorizadores y principales representantes de la Nouvelle Vague.
Al día siguiente “El País” le dedicaba parte de la portada, y tres artículos amplios, que ocupaban, creo recordar, tres páginas. El día posterior todavía se le dedicaban tres artículos más.
El día anterior, 20, había fallecido Paul Dirac. Quizás, y eso sería la mejor prueba de lo que estoy diciendo, muchos no conozcan quién fue Dirac. Se trata de uno de los físicos más brillantes de toda la historia. Su contribución más conocida, y no la única, la que debería haber hecho que toda persona culta conociera su nombre, es que fue la persona que inventó la antimateria. Y digo “inventar” porque no se trató de un descubrimiento de laboratorio. Descubrió su existencia a partir de la elaboración de un modelo teórico, cuando se dio cuenta de que su teoría funcionaba también para partículas que tuvieran algunas características cambiadas frente a las conocidas. Su golpe de genialidad, simplificando un poco, fue pensar qué pasaría si se tomase el valor negativo al hacer la raíz cuadrada. Sólo unos años después se descubrieron las partículas. No
se puede realzar lo suficiente el descubrimiento de Dirac. Incluso en la cultura popular, cuánto juego ha dado la antimateria. Pero es que tecnológicamente, en medicina y muchos otros campos la antimateria se emplea ya de forma cotidiana.
Y ese es sólo uno de los méritos de Dirac. Se cuentan cientos de anécdotas sobre su brillantez. No hay más que decir que aún hoy es la segunda persona más joven en haber recibido el Premio Nobel, a los 31 años. Pero es que además se puede decir que era un artista, cuyo arte eran las matemáticas: es característica su frase de que lo más importante de una teoría científica es que sea bella.
Pues bien, como decía, Paul Dirac falleció el 20 de octubre de 1984. La noticia el “El País” apareció el día 24, y se limitaba a un párrafo. Es verdad que dos semanas después aparecía un segundo artículo, bastante soso, por cierto.
Pero la desproporción es tan colosal, que incluso una carta al director de un lector lo hacía notar unos días después.
No voy a despreciar la contribución cultural de Truffaut. Yo mismo recuerdo varias de sus películas, aunque me da la impresión de que ya ha pasado su tiempo, y que las nuevas generaciones no le conocen; sus filmes se emiten en horas o lugares de cinéfilos. Sin embargo, la ecuación de Dirac se recordará dentro de muchos, muchos años, incluso cuando la gente no recuerde ni lo que era el cine, y mucho menos el cine francés de los 70.
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jueves, julio 31, 2008
El centavito de los crédulos
“Como nada es más hermoso que conocer la verdad, nada es más vergonzoso que aprobar la mentira y tomarla por verdad”.
-Cicerón-
Este mundo es un mundo de mitos y creencias. Ellas nos ayudan a darle sentido a nuestras vidas, le dan propósito a las desgracias y motivo a las alegrías.
El centavito de los crédulos se refiere al mito urbano que anda circulando por México desde ya hace algún tiempo: que la familia Cárdenas se embolsa un centavo de dólar (las versiones modernas hablan de 3 centavos de dólar, seguramente por la inflación) por cada barril de petróleo que exporta México. Yo nací en 1983 y para las elecciones presidenciales de 1994 (las primeras de las que tengo memoria) ya lo había escuchado de los labios de mi madre.
Con los recientes debates sobre la reforma mal llamada energética desempolvan el mito y lo llevan a la modernidad esparciéndolo a través de Internet (hasta presentación de Power Point tiene) con el siguiente texto:
QUE TANTO ES UN CENTAVITO?
Pues en la actualidad se están exportando mas de 2 millones de barriles de petróleo diarios.
Los Cárdenas se embolsan 2 millones de centavitos de dólar diario, al tipo de cambio de $11.00 por dólar nos da $220,000.00 diarios
$6,600,000 mensuales
$79,200,000.00 anuales
¿No lo sabias, verdad?
Y sigue con otra sarta de hargumentos(la h es intencional), que sólo convencerían a niños que no han llegado a tercero de primaria, sobre las ventajas de la privatización.
Lo vergonzoso del asunto como bien señala Cicerón es que haya tanta gente dispuesta a tomarse en serio un correo como este, aprobando la mentira y tomándolo como verdad. Mi opinión es que en este caso se atizan los sentimientos anti-izquierda, los cuales por cierto no requieren mucho estímulo, generando una credulidad que en boca de adultos pensantes y preparados dan mucha mucha pena.
El mismo correo dice que existe un decreto presidencial que asigna este centavito a los Cárdenas; si así fuera, debe existir evidencia del mismo: la publicación en el diario oficial de la federación, la aprobación anual del presupuesto de egresos (la cual por cierto es hecha por todas las fuerzas políticas), de menos existirían los discursos panistas de la época (recordemos que el PAN nace como respuesta de la derecha mexicana a las políticas socialistas de Lázaro Cárdenas, un papel que sigue desempeñando para desgracia de México).
Curiosamente los autores de esta infame presentación no proveen datos verificables: ni fechas, ni protagonistas, ni formas, ni fondos, ni nada. Y ya encarrerados en la mentira también especulan que parte del centavito se va a financiar campañas, mítines y marchas del PRD(incluidas las del FAP, cosa que dudo si consideramos en distanciamiento actual entre Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador).
Ahora los invito a realizar un ejercicio racional. ¿Qué es más probable?
1.-Un pacto tácito de silencio entre gobiernos, partidos, organismos como el IFE, organismos civiles, la prensa y personajes independientes, para que nadie sepa sobre este decreto secreto del que no existe evidencia, y que le otorga un centavito por barril de petróleo a los Cárdenas.
2.-Que todo sea una tomadura de pelo (como los correos que salían de las oficinas del gobierno federal en el 2006 contra AMLO) para desacreditar el movimiento de resistencia en defensa del patrimonio nacional.
Creo que no hay que ser un científico nuclear para captar la falsa dicotomía del asunto.Al final cada quien tiene sus fobias y sus filias políticas, pero como todo ser humano nuestras fobias nos hacen presa fácil de los engaños, los mitos y las supersticiones. Por suerte, un poco de razonamiento y pensamiento crítico generalmente pueden sobreponerse al impulso primitivo y llevarnos de vuelta al camino de la verdad.
DA CLICK AQUÍ PARA CONTINUAR LEYENDO......"Mentir, mentir, mentir... algo siempre queda".
-Joseph Goebbels-
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sábado, mayo 31, 2008
Contradicciones
La irracionalidad, el encasillamiento en la opinión personal, lleva irremisiblemente a la violencia" (José Antonio Marina)
Este es un mundo lleno de contradicciones. Brutalidad apabullante acompañada de amor pleno. Agonía crónica y dicha absoluta. Curiosidad profunda e ignorancia fanática. Estructura sencilla y ordenada. Caos vivo y palpitante.
Una de las contradicciones más duras y evidentes es el aparente comodato de lo racional a lo irracional. Una convicción popular de que lo físico y lo metafísico son de alguna manera complementarios, y sin embargo, indiferentes uno con el otro. ¿Qué lleva a la gente a creer en una versión mística de la realidad? ¿De dónde viene esa concepción trascendente del mundo? ¿Viene de una postura crítica o irracional?
Carl Sagan explicaba esa contradicción con bloques mentales que cada individuo construye alrededor de su existencia. Así el trabajo nada tiene que ver con la familia, o el conocimiento científico con el sensorial. Esta división permitió por siglos que los más renombrados físicos fueran al mismo tiempo cristianos devotos, o que profesionales universitarios crean que su destino está escrito de alguna manera en las estrellas.
El problema con estos bloques, según explicaba Sagan, es que no están aislados perfectamente sino que intercambian información y afectan el comportamiento. Dependiendo de la importancia que demos a una de esas unidades será la influencia que tenga en otras. Así que si eventualmente nuestra vida se va centrando en los dogmas e ignorancia de la vida religiosa, ésta tomará de facto el resto de nuestra actividad. Ejemplos de esto vemos en todos lados: en los gobernadores que dan limosnas millonarias, en médicos que se rehúsan a realizar abortos argumentando "objeciones de conciencia", en la burla y violencia hacia las minorías, en el deseo insano de aplastar las diferencias ideológicas, etc.
Cuando lo irracional "pisa el césped" de lo racional, terminamos con un jardín lleno de huellas. Lo irracional apela a nuestras estructuras mentales más antiguas y elementales, apela a nuestros miedos primarios, apela a los más básicos instintos de supervivencia. Siempre será más sencillo ser irracional, ser racional rinde más frutos en el largo plazo.
Fernando Velázquez
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lunes, abril 21, 2008
Falsa analogía
La inferencia es la base del pensamiento inductivo, es tomar las propiedades de una muestra y generalizar para un todo. El pensamiento inductivo, y la inducción en si misma, dependen de la similaridad del muestreo y el todo, cuanto más parecidos más fiable resulta la inferencia.Aún con lo evidentemente útil y prolífico que ha resultado el pensamiento inductivo en muchas de las ciencias humanas, se puede caer en el error de utilizarlo equivocadamente. Ninguna inducción es perfecta, por lo que las conclusiones pueden ser falsas.
La falsa analogía.
Una falsa analogía ocurre cuando se "demuestra" que dos objetos son similares. Luego se argumenta que si A tiene la propiedad C, entonces B también debería tener la propiedad C. La analogía falla cuando A y B son diferentes, lo cual trae como conclusión que ninguno de los dos tenga la propiedad C.
Esto me lleva a lo último en la República del Spot. Esa república donde los hechos importan muy poco y las apariencias engañan y empañan.
Los promocionales que patrocinó la organización "Mejor Sociedad, Mejor Gobierno, A.C." y que comienzan con la provocadora pregunta: "¿Quiénes clausuran los Congresos?", es el ejemplo de una falsa analogía. Luego de presentar 4 ejemplos de clausuras de congresos por personajes muy oscuros de la historia mundial y nacional (habrá que ver que piensan los seguidores de Pinochet sobre la perniciosa visión del dictador presentada en el spot), se induce al espectador a pensar en un falso paralelismo con la protesta en el congreso nacional.
¿Por qué un falso paralelismo? Si la situación mexicana tuviera un parecido importante con lo dicho en el spot, entonces el spot mismo jamás hubiera sido transmitido. Algunos de los dictadores mencionados en el spot clausuraron de manera fáctica los congresos (y no sólo de manera simbólica como en nuestro congreso) y lo hicieron para aplastar cualquier voz crítica, en eso, el mensaje del spot guarda un triste parecido intencional.
Si quisieramos hacer una analogía efectiva, tendríamos que responder ampliamente a la pregunta: ¿Quiénes clausuran los congresos?
En el caso alemán, el congreso puede disolverse si el canciller pierde un "voto de confianza" (el caso mencionado en el spot) o si el congreso recien electo es incapaz de elegir un canciller por mayoría absoluta. Además de la fecha mencionada en el mensaje publicitario, el congreso alemán ha sido "cerrado" en 1972, 1982 y 2005.
En Rusia, Boris Yeltsin y Valdimir Putin han "cerrado" sus congresos en 1993 y 2007, respectivamente.
En México las continuas guerras civiles provocaron muchas veces la disolución del congreso y en general los conflictos bélicos en cualquier país obligan a estas disoluciones, sin importar quien esté al frente del gobierno. El congreso suspendió trabajos en tiempos de Juárez y a este último se le otorgaron poderes especiales, situación similar a la estadounidense durante el mandato de Lincoln.
Lo importante es distinguir entre los hechos y la forma de presentarlos. Cada situación es muy particular y responde a un contexto histórico específico. Las disoluciones efectivas de los poderes legislativos han ocurrido en circunstancias sin paralelo con la "toma" del congreso mexicano (la cual es una demostración de resistencia civil).
La resistencia civil son acciones de protesta no violentas. Pueden tomar una gran variedad de formas: la persuasión (demostraciones, vigilías y peticiones), la no-cooperación social económica y política (huelgas, paros y boicots), y la intervención no violenta(tomas, ocupaciones y la creación de instituciones gubernamentales paralelas).
La criminalización de la disidencia SI violenta la paz y la democracia. Estos spots incitan al odio y engañan al ignorante. Son una forma de retórica deplorable, como deplorables son los medios que aceptaron transmitirlos. Y mientras el grueso de la población tenga poco interés y conocimiento del país donde viven, muy poco va a cambiar. Y mientras su fuente principal de información sean cápsulas informativas, entrevistas poco objetivas y editoriales de "intelectuales" orgánicos, muy poco va cambiar. Y mientras los medios existentes olviden su responsabilidad de informar objetivamente, y se dediquen a legitimar el poder, muy poco va a cambiar. Y mientras que la flojera intelectual obnibule nuestras mentes muy poco va cambiar.
Fernando Velázquez“Así pues el Estado no se enfrenta nunca intencionalmente contra el sentido del hombre, intelectual y moral, sino contra su cuerpo, sus sentidos. No se arma de honestidad o de ingenio superior sino de mayor fuerza física. Pero yo no he nacido para ser violentado. Y respiraré mi aire; veremos quién es el más fuerte. ¿Qué fuerza tiene la multitud? Sólo pueden forzarme a algo aquellos que obedecen a una ley superior a la mía. Me obligan a ser como ellos. ¿Qué vida sería ésta? Cuando doy con un gobierno que me dice: 'tu dinero o tu vida' ¿Por qué he de apresurarme a darle mi dinero?”
Henry David Thoreau
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domingo, septiembre 30, 2007
Teresa, brillante y oscura
El título de este post es homónimo al artículo de Christopher Hitchens del 29 de Agosto y que aparece publicado en el portal de la revista Newsweek.
En ese artículo Hitchens opina sobre la publicación de las cartas de la Madre Teresa de Calcuta y la crisis de fe que en ellas está plasmada. Es opinión de Hitchens que dichas cartas pueden ser vistas como un acto de considerable honestidad o de extraordinario cinismo(tal vez ambos). Estos documentos ven la luz como parte de la investigación del padre Brian Kolodiejchuk para la causa de canonización de la Madre Teresa.
La primera vez que se publicaron las cartas fue en el otoño de 2002, por los tristemente célebres Legionarios de Cristo. Dos preguntas pertinentes surgen:¿Cómo es que los fieles aceptaron en esa ocasión que una de sus heroinas haya perdido por completo la fe; y cómo es que la iglesia pudo presentar a una anciana que para todo propósito práctico había dejado de creer,como un icono de publicidad favorable?
Lo mejor de este artículo son como casi siempre, las citas citables:
"Para mi, el silencio y el vacío son tan grandes, que miro y no veo,-Oigo y no escucho- la lengua se mueve pero no habla. Tal ansia de dios-y...rechazo-vacío-sin fe-sin amor-sin fervor.-[La salvación de]Las almas no tiene atractivo alguno-El cielo no significa nada."
Madre Teresa de Calcuta
Para incomodidad de sus defensores, hay aspectos muy oscuros de la "rectidud ética y moral" de la Madre Teresa:
-Aceptar dinero robado de la dictadura Duvalier en Haití.
-Su compromiso con el regimen tiránico de Indira Gandhi.
-Sus excesos fanáticos, llegando al punto de declarar que el aborto es la más grande amenaza a la humanidad.
-Ser sujeto de un exorcismo al final de sus días(como informó el Arzobispo D'Souza de Calcuta).
La mejor de las citas citables es de Christopher Hitchens y la reproduzco en idioma original para que no se pierda su esencia:
"I say it as calmly as I can—the Church should have had the elementary decency to let the earth lie lightly on this troubled and miserable lady, and not to invoke her long anguish to recruit the credulous to a blind faith in which she herself had long ceased to believe."
Fernando Velázquez
Referencias:
http://www.msnbc.msn.com/id/20497111/site/newsweek/page/0/#storyContinued
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viernes, agosto 31, 2007
THE ROOT OF ALL EVIL PART 2
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martes, julio 31, 2007
LO REAL Y LO FICTICIO
Sergio Aranda Klein
Tratar de encontrar la línea que separa lo real de lo ficticio no es tarea fácil. En algunos campos de la actividad humana la realidad se impondrá por si misma a través de las leyes que la gobiernan. Ninguna tecnología funcionará si contradice algunos de estos principios. En estos campos toda teoría, toda hipótesis deberá pasar con éxito la comprobación para poder afirmar que sus resultados son reales. ¿Pero qué ocurre en otras áreas donde las hipótesis no tienen cómo ser demostradas?, son muchas las afirmaciones que hacemos, que ni siquiera tienen con que compararse para saber si son ciertas o no. Por el contrario, en el caso de las tecnologías, los mecanismos, sistemas o procesos deben funcionar en el mundo real, deben respetar los principios físicos y químicos para que sean útiles y cumplan su propósito. ¿Pero qué pasa cuando una afirmación cualquiera no viola ninguno de estos principios y sin embargo no tenemos como probar que es cierta?, como por ejemplo, que la democracia es el sistema de gobierno más justo. La democracia definitivamente no existe en la naturaleza, pero en ésta tampoco existe ningún sistema social parecido a cualquiera de los que han construido los seres humanos. Las leyes que nosotros hemos creado y que nos hemos impuesto para gobernar nuestras sociedades no son reales ni ficticias, no obedecen a ninguna ley física o química, pero de hecho existen porque las hemos establecido, las creemos y las aceptamos. (¿..?)
Nosotros creamos una realidad que obedece sólo a nuestras propias leyes, pero que no tienen nada que ver con las del mundo real, y así como las hacemos las podemos interpretar, cambiar o deshacer. Ahora bien, mientras estas dos realidades no entren en contradicción pueden seguir coexistiendo, no hay ningún problema, puesto que la realidad de las relaciones sociales y comunitarias entre los seres humanos no alteran para nada la realidad de los principios del universo.
La ficción comienza, cuando en un intento por justificar nuestra construcción de un orden, social, cultural o político, (cualquiera que sea) apelamos a principios naturales para respaldarlo, (o peor aún, sobrenaturales) puesto que tal respaldo no existe. No es cierto que exista un supuesto orden natural en el cual estén establecidos ciertos fundamentos o valores que de algún modo sirvan de marco en el cual deban darse las relaciones humanas. En la naturaleza las conductas de los seres vivos no obedecen a ningún orden preestablecido, son ellos quienes en el proceso de adaptación desarrollaran aquellas que sean funcionales a su supervivencia, y serán válidas cualquiera que les permitan lograrlo. Lo que los individuos hagan o dejen de hacer en el contexto de su relación con sus congéneres sólo a la comunidad de la especie a la que pertenecen afecta, puesto que el único fin de la existencia de una especie es subsistir, aún en perjuicio de cualquier otra. Creer que de algún modo la naturaleza juzga, es una ficción, a lo más reacciona a nuestras acciones en un frío y mecánico proceso de acción y reacción. Lo real es que somos nosotros los que juzgamos y nos apoyamos en supuestos e improbables principios naturales para justificar nuestras acciones.
Para la naturaleza cualquier sistema social que nos demos será exactamente equivalente, ella no nos premiará ni castigará por ninguno en particular, seremos sólo nosotros los que nos beneficiemos o perjudiquemos del rumbo que tomen nuestras sociedades. Nuestra misión (que por supuesto es inventada, puesto que los seres vivos no tienen “misiones”, simplemente viven) como especie es sobrevivir y expandirnos, y como individuos pertenecientes a ella, hacerlo de manera de cumplir nuestro ciclo de vida en las mejores condiciones posibles.
Si en el largo camino de la evolución, alguna especie en su proceso de expansión afecta a otras de modo de alterar gravemente su subsistencia, la única opción para la, o las especies en peligro es la adaptación, si ello no es posible, sobrevendrá la extinción. Esta situación no es buena ni mala, simplemente es. Si la especie que da origen a la extinción de las otras, finalmente ve amenazada su propia existencia por haber alterado los equilibrios de los cuales dependía, entonces su disminución o desaparición será la consecuencia natural que de algún modo restaurará los equilibrios alterados, lo cual tampoco es bueno ni malo en términos de la naturaleza, simplemente es. En el caso de los seres humanos, que somos capaces de percibir las consecuencias de nuestros actos y valorarlos en términos de buenos o malos, será muy malo que afectemos tanto a nuestro entorno que pongamos en riesgo nuestra supervivencia, esto, desde nuestra propia y particular perspectiva como especie. Pero, para los virus, bacterias, insectos y otros organismos vivos que puedan afectarnos en su proceso de expansión, será también un proceso natural si nos llegasen a exterminar. Si esto ocurriera, y luego ellos mismos desapareciesen, no sería más que un nuevo eslabón interrumpido en la cadena de la evolución. Lo bueno, lo malo y lo feo, todo juicio de valor, existe en y para las percepciones y relaciones que se dan en el contexto del pequeño universo de lo humano, fuera de él las cosas simplemente son.
La relación de los seres humanos con el medio que nos rodea se da en dos niveles diferentes. Nuestra primera y más elemental relación es con el mundo natural, “la realidad” o “realidad natural”, es el lugar físico en donde se originan todos los procesos biológicos que permiten nuestra existencia. En éste nivel el ser humano es sólo una especie más, es un animal sometido a los mismos procesos de adaptación y supervivencia que les son comunes a todas las especies, como así también a todas las leyes naturales que rigen tales procesos. La existencia de este nivel es independiente de la voluntad, de las creencias y de la existencia humana.
El segundo nivel de relación con el medio, que podríamos llamar “realidad social” o “realidad imaginaria”, es con él mismo y con los miembros de su propia especie. Es en este nivel donde el ser humano interpreta la naturaleza, crea e inventa las formas en que se dan las relaciones con sus iguales, y entre ellos y el medio. Estas relaciones no existen en la realidad física de los procesos naturales, son fruto de su imaginación y su existencia depende de que ellos las construyan y las mantengan. Todas las organizaciones e instituciones humanas con sus múltiples formas son reales en este nivel y no en el primero, un ejemplo de ellas es el “estado de derecho”, por mencionar uno cualquiera entre muchos. Esta invención humana no es real ni tiene ningún fundamento en la naturaleza, sin embargo es real en la realidad social porque los seres humanos la han definido, establecido, y funciona dentro de los límites de su definición. Los lenguajes son otra invención humana, puesto que existen y funcionan en la medida que hayan humanos que lo utilicen y serán tan simples o complejos como ellos quieran. La capacidad de los seres humanos de cuestionar, dudar y modificar sus propias formas de relación, de organización, y sus creaciones, nos habla de la inmaterialidad de ellas y evidencia su origen artificial, puesto que la realidad física y las características biológicas que hemos heredado no dependen de la voluntad ni de la interpretación humana para existir.
La realidad social depende de la realidad natural puesto que es en ésta donde evolucionó la adaptación biológica, que hizo posible que los seres humanos crearan su mundo de relaciones imaginarias. El principio biológico de ésta adaptación está en la evolución del instinto de aprender, que es el que nos permite interpretar la realidad y extraer de ella la experiencia con que construimos las creencias, que son la base de nuestras relaciones y organizaciones.
En el proceso del aprendizaje adquirimos recuerdos, con ellos llenamos nuestra memoria para luego utilizarlos como información aprendida. En el largo camino de la especialización en el uso de ésta función instintiva, logramos aumentar de tal manera la capacidad de almacenar recuerdos (y el tamaño del cerebro), que finalmente fue inevitable mezclarlos y o combinarlos de modo de crear nuevos. Estos nuevos recuerdos (el producto de imaginar) están basados en la realidad pero no se corresponden exactamente con ella, son diferentes. Todas las abstracciones son el resultado del proceso mental de extraer y ordenar los elementos comunes de muchos recuerdos (interpretar los recuerdos como información no ayuda a entender el problema).
La cantidad de combinaciones posibles de hacer con fragmentos de recuerdos, es equivalente a las formas que puede adquirir una gota de tinta vertida en un recipiente con agua. Son infinitas e impredecibles. (aunque si hay reglas para la creación de recuerdos inexistentes en la realidad, tienen que estar hechos de recuerdos que sí existen, no se puede inventar nada de la nada)
Resumiendo podemos afirmar que: Existen dos realidades de origen y características muy distintas. En la primera somos sólo animales y en la segunda personas. Ambas realidades coexisten porque son independientes una de otra en cuanto a que sus reglas funcionan siguiendo principios diferentes. La primera es la realidad natural y la segunda una realidad de origen imaginario con consecuencias en el mundo real. Nacemos, envejecemos, enfermamos y morimos en la realidad natural. Adquirimos títulos, rango y posición en la realidad imaginaria. Somos individuos pertenecientes a la especie Homo sapiens sapiens, en la realidad natural y somos, reyes, gobernantes, sabios, intelectuales, empleados, humildes, o ignorantes, en la realidad de origen imaginario. En la realidad social imaginamos la tecnología y en la realidad natural la construimos. Los seres humanos hemos intuido desde siempre que tales realidades existen, sin embargo no hemos sabido explicar el porqué ni el cómo. La historia de la filosofía es la historia de la búsqueda de respuestas a estas dudas.
Tratar de hallar el origen de una facultad a partir del uso de ella misma, es una apuesta complicada. Sobre todo si la respuesta no se busca donde corresponde, que es en el ámbito de nuestra biología, de nuestra existencia en el mundo real.
Para el común de las personas, la facultad de imaginar o pensar es tan extraordinaria, que su origen intuitivamente lo vinculan con fenómenos extraordinarios, sean del carácter que sean. (existe cierta negación de principio a tratar de buscar y encontrar el origen de nuestras facultades en nuestra propia biología, parece que eso no corresponde a las expectativas [imaginación] de la mayoría de las personas)
Ahora bien, los problemas existenciales humanos comienzan cuando tratamos de establecer relaciones entre éstas dos realidades. Las creaciones imaginarias humanas no tienen ninguna equivalencia, explicación ni verdad en la naturaleza, simplemente no existen en los términos que los humanos las hemos definido (un automóvil es solo un arreglo, o desarreglo, de moléculas de diferentes materiales). Las relaciones humanas obedecen a leyes naturales y son demostrables sólo hasta el nivel de funcionamiento de nuestros instintos y de los procesos biológicos implícitos.
Nuestra conducta animal es predecible mientras respondamos a nuestros instintos, cuando comencemos a utilizar la información aprendida, obtenida por medio del instinto de aprender, para generar conductas individuales se perderá toda posibilidad de predecir acciones futuras. Puesto que lo que es posible construir con nuestros recuerdos (“información”) y la capacidad de utilizarlos (imaginar), dependerá de cada persona y de su constitución biológica particular.
En general todo lo que imaginemos y construyamos responderá a nuestra propia invención sin más reglas ni leyes que las que nosotros mismos inventemos, las cuales sólo tendrán validez para los individuos de nuestra especie, y eso, siempre y cuando decidamos aceptarlas. Ninguna conducta o comportamiento, que no sea instintivo, tendrá explicación, justificación o será verdadero en el mundo natural. Así como no existe la democracia ni el estado de derecho en la naturaleza, tampoco existen ni tienen fundamento, ninguna otra forma de organización ni de relación perteneciente a nuestro mundo de relaciones de origen imaginario. (no hay ley natural que pueda explicar la infinita cantidad de tonterías que hacemos los seres humanos).
Cuando se dice que las instituciones son permanentes se está diciendo una falsedad, puesto que una institución que no existe en la naturaleza no puede ser permanente, es una creación humana y depende de los humanos para su existencia, tampoco depende de los ideales de sus fundadores desaparecidos, puesto que sus administradores serán los humanos vivos y serán ellos quienes guíen las acciones institucionales presentes y futuras. Cualquier argumento para sostener que la institución tiene vida propia es un argumento retórico, falso, una ficción. Sin embargo la existencia de la institución es verdadera en la medida que quienes la mantienen aseguran que existe. Su existencia es real en el mundo de las creaciones humanas, lo falso es el argumento que trata de explicarla más allá de su existencia en ese plano. (la existencia de cualquier institución humana comienza con la declaración verbal que la funda de hecho, y la creencia de las partes de que es cierto, no hay más )
Las organizaciones religiosas son instituciones reales en el mundo imaginario de los seres humanos, sin embargo los argumentos que la justifican se basan en la premisa de la existencia de dios, un “ser” cuya característica principal es la de existir más allá de la realidad social, sin embargo tal premisa no puede ser probada en la realidad natural, luego el argumento es ficticio, falso. Sin embargo eso no significa que no goce de buena salud en la realidad imaginaria, en ella es un “ser” muy importante para muchos seres humanos, lo falso es únicamente el argumento de su existencia fuera del mundo social.
Una prueba de que justamente la realidad social es imaginaria, es que no requiere de comprobaciones para existir. Las religiones no necesitan tener pruebas de la existencia de sus dioses ni de ninguna de sus afirmaciones para llevar a cabo sus objetivos sociales, porque basta que las personas lo imaginen, lo crean, para que funcionen. Por el contrario cualquier construcción en el mundo real deberá cumplir con las leyes naturales para funcionar. Cuando los niños juegan con objetos del mundo real atribuyéndoles funciones imaginarias, no esperan que ellas se hagan reales (demasiadas veces los adultos si).
Un último ejemplo: La patria existe en el mundo imaginario de los seres humanos. Si fundamos su constitución en antecedentes de carácter épico históricos, esos argumentos podrán ser verdaderos, puesto que tendremos registros históricos que nos demuestren que así es (argumentos dentro de la realidad social). Sin embargo, si queremos argumentar que nuestra patria se origina en nuestro mejor derecho divino, entonces nuestra razón será falsa puesto que no es posible probar, primero, que la divinidad existe más allá de la realidad social, luego, que de existir, (si de algún modo fuese posible) tenga los poderes que se afirman, y por último que efectivamente intercedió en nuestro favor. Sin embargo, una vez más es posible comprobar que no es necesaria una demostración para que la gente crea como le convenga. En la realidad social los derechos se obtienen y se hacen valer por la fuerza.
Lo maravilloso de ser un ser humano es que cualquiera puede inventarse su mundo propio, ya sea individual o colectivo, chico o grande. Puesto que ni siquiera los argumentos falsos, serán un impedimento para hacerlo. Después de todo hay innumerables personas que afirman tener poderes que les permiten contradecir las leyes naturales y encuentran público suficiente para que les crean y los mantengan. (lo mismo ocurre con los políticos).
Los seres humanos somos los creadores de la realidad en que vivimos (unos más creadores que otros) y ésta no tiene nada que ver con las leyes de la realidad natural, a menos que tratemos de construir algo con materiales de esa realidad, porque ahí si tenemos que respetar todas las reglas naturales si queremos tener éxito.
Toda explicación que justifique conductas humanas podrá ser verdadera si las causas se originan en la realidad social o imaginaria. El arte, la política, los deportes, la entretención, etc. son actividades propias de los seres humanos que se fundamentan en la existencia de su propio interés dentro de la realidad social, no necesitan apelar a la existencia de leyes naturales para justificarlas. Aún así algunas de ellas podrían estar motivadas por situaciones estimulantes para las cuales hay respuestas que contienen elementos instintivos. Quizás si la actividad que más nos aleja de la realidad natural sea la actividad intelectual (todo argumento intelectual es imaginario), aunque a su vez y paradójicamente sea la actividad más cercana a nuestra condición animal, puesto que ella es fruto del uso intensivo de nuestra mayor especialización instintiva, la de aprender. (sería difícil encontrar una reacción instintiva distinta a la de aprender (saber), que pudiera motivarnos a leer un libro) .
La capacidad de creer de los seres humanos no tiene limite, pensar que las religiosas son su máxima expresión es un acto de verdadera humildad. Los seres humanos en nuestro afán por constituirnos en criaturas realmente especiales dentro de la comunidad de lo vivo hemos ido construyendo durante siglos lo que hemos llamado “conducta civilizada” que no es más que el acto de renegar de nuestras conductas instintivas, aquellas que le atribuimos a los otros animales y que nos parecen muy poco decorosas para nosotros. En este largo y difícil proceso de reinventarnos hemos ideado la racionalidad, que por supuesto es otra característica imaginaria sin existencia en la realidad del mundo natural, sin embargo lo curioso es que tal civilidad y racionalidad se supone que se alcanzan cuando logramos reemplazar conductas instintivas por conductas aprendidas, pero resulta que el aprendizaje es una capacidad instintiva. En consecuencia, pretendemos ser menos animales (más civilizados) especializándonos cada vez más en nuestra principal conducta animal, el aprendizaje.
La capacidad de imaginar nos permite la construcción de realidades sociales que como no se pueden comprobar, simplemente existen hasta que son cambiadas por otras más funcionales a los nuevos proyectos imaginativos humanos, dependerán de los juegos de poder cuales sobrevivan y cuales no, y no de su compatibilidad con leyes naturales.
Hasta aquí hemos visto que lo ficticio, lo falso, dentro de la realidad social, son los argumentos que pretenden dar verosimilitud en el mundo real a una creencia que se origina en la realidad social, imaginaria. Cuando una persona afirma que puede volar (por sus propios medios), lo falso es que vuele, no que lo crea. Todas las creencias son verdaderas en el mundo imaginario. Pero aún así las creencias para ser aceptadas deben respetar las leyes imaginarias de la sociedad en que se expresa. Por ejemplo, los fundamentos religiosos de cristianos y musulmanes son igualmente imaginarios, sin embargo eso no los iguala ante ellos mismos. Llegado el caso, cada uno de ellos matará si es preciso por defender su particular creencia. El mundo imaginario es mucho más peligroso e incluso complejo que el real. Los argumentos de las creencias aunque no sean válidos en el mundo natural deben guardar coherencia con las creencias sociales más aceptadas por la comunidad. Otro ejemplo de ello es el que da más crédito a la visión de la virgen por parte de un religioso que a la de un fantasma por parte de un niño. Es muy posible que al contrario de lo que se suele afirmar, la capacidad de imaginar de un adulto sea muchas veces superior que la de los niños, después de todo cuentan con más recuerdos para elaborar los nuevos.
En la realidad imaginaria, lo que no es cierto, incluso lo que es mentira, forma parte de su esencia, puesto que en definitiva su construcción comienza con la interpretación parcial de la realidad natural, nunca con su conocimiento cabal, ni con la certeza absoluta. Es justamente la ignorancia, la ausencia de respuestas, de conocimiento, lo que nos permite buscar, explorar, y suponer cómo es que pueden ser las cosas en la realidad natural y en la social. Ésta suposición es la que nos lleva a imaginar, a inventar relaciones y soluciones que no sabemos si son o no reales, y ni siquiera, hasta donde podrían serlo. El no saber, el estar equivocado, será consustancial a la acción misma de imaginar. De lo contrario el aprendizaje no existiría.
Es obvio que quienes deben aprender son los que no saben. En la naturaleza, los que saben son quienes tienen respuestas instintivas, que en todo caso es un saber distinto al que se obtiene con el aprendizaje. Los que no saben tienen que aprender a encontrar las respuestas por ellos mismos. Entonces la cantidad de aprendizaje requerido por una especie dependerá de cuanta información instintiva tengan, y de cuan útil sea para su supervivencia.
Ahora bien, la capacidad de aprender y de imaginar nos puede llevar a presumir la existencia de relaciones entre los distintos objetos y fenómenos de la realidad natural, y al igual que lo hacemos respecto de la realidad social inventaremos relaciones (hipótesis) que trataremos de demostrar. Lo interesante es que estas hipótesis, a diferencia de lo que ocurre con las relaciones sociales, si se pueden demostrar. Es más, requieren que sean demostrables para poder sacar de ellas conclusiones que podamos utilizar.
Así pues inventamos la ciencia, que es el intento sistemático por descubrir las interacciones entre los distintos componentes del mundo natural. La ciencia cumple su propósito cuando formula leyes que explican el funcionamiento de esas relaciones.
Estas leyes deben poder predecir el comportamiento de los fenómenos analizados para que sus enunciados sean ciertos, verdaderos. Una de las gracias de los fenómenos naturales es que son cíclicos, estables, permanentes, aún en sus variaciones hay regularidad, hasta lo aleatorio es regular dentro de cierto contexto.
En este caso tanto la observación como la comprobación se dan en el mundo natural, sólo la hipótesis pertenece al mundo imaginario, puesto que no puede ser de otra forma, no hay hipótesis si no hay quien la imagine, la invente, y esto es posible sólo en el contexto de nuestra realidad social o imaginaria. Tal vez existan otras especies que tengan sus propias realidades imaginarias, sin embargo no las hemos encontrado aún, apenas estamos descubriendo que vivimos en una.
Si no podemos encontrar regularidad en los fenómenos que observamos, ¿cómo podríamos hacer hipótesis?, ¿cómo suponer una causa y una consecuencia?, ¿cómo establecer la relación?.
Las ciencias sociales basan la premisa de sus postulados en que algunas regularidades deben tener las conductas de los seres humanos, después de todo, somos individuos de una misma especie, algo tendremos en común, ¿qué tan distintas pueden ser las conductas entre unos y otros?. Sin embargo las predicciones de las ciencias sociales son muy limitadas, apenas generalidades, ¿por qué? Una respuesta obvia es porque somos imprevisibles y solemos hacer cosas inesperadas, ¿y por qué podríamos ser tan imprevisibles?
Hemos explicado largamente que la mayor parte de las conductas humanas, están basadas en sus creencias ( las otras son producto de otros instintos) y que ellas no son “lógicas” o “racionales” (lo correcto sería decir que no obedecen a ninguna ley natural, puesto que lo lógico o racional tampoco corresponde a leyes o reglas naturales). No es posible prever o predecir las creencias que adoptará un individuo particular ni mucho menos como lo afectara en sus conductas. Las ciencias sociales en el mejor de los casos podrán establecer regularidades entre pequeños segmentos de la población cuyas creencias y conductas sean parecidas una vez que se hayan producido, no antes. Sin embargo ello tampoco es suficiente, puesto que la permanencia en el tiempo del grupo y sus características tampoco son predecibles, lo mismo se forma uno nuevo que desaparece uno antiguo.
Las relaciones sociales son esencialmente dinámicas y variables. El objeto de estudio de las ciencias sociales es variable dentro de un abanico muy grande de posibilidades. (es muy posible que sean las conductas infantiles las más predecibles, pues los niños no viven de acuerdo a sus creencias, las cuales recién están formando)
En resumen cualquier regla sociológica podrá ser válida para el momento y el conjunto de la población estudiado, lo demás será sólo especulación. La capacidad de la sociología es mayor para explicar lo que ya pasó, que para predecir lo que va a ocurrir. No puede ser de otro modo.
Para finalizar hay que puntualizar que cualquier hipótesis que no tenga como demostrase en la realidad natural no tendrá validez en ella. Por el contrario una hipótesis generada en las relaciones de la realidad social podrá ser válida en esa realidad mientras las condiciones que le dieron origen se mantengan, es decir, aún cuando se produzca regularidad en la realidad social, ella siempre será temporal.
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sábado, junio 30, 2007
LA UTILIDAD DEL PENSAMIENTO CRÍTICO Y DEL ESCEPTICISMO
Pablo Gamborino Ubilla
He escrito sobre dos diferentes tipos de pensamiento, confrontando por un lado la postura de credulidad que adoptan algunos sectores de la sociedad, contra el escepticismo que profesamos otros sectores, como si el escepticismo fuera la forma correcta de pensar. Es importante señalar que no se trata de ver qué forma de pensar es la correcta, pues ese tipo de juicios yace en el terreno de la ética o de la moral, y en el sentido formal, en el terreno de la ley. Por ello hoy escribo sobre la utilidad de esa forma de pensamiento a la que se conoce como escepticismo y pensamiento crítico.
¿Qué es pensamiento crítico?
Por principio de cuentas definiré lo que es el pensamiento crítico. Puede decirse que consiste en no tomar nuestras percepciones (y las de los demás) como verdades absolutas. Imaginemos que nos encontramos en la calle con un par de hombre que platican en voz alta y escuchamos que uno de ellos expresa con un tono suficientemente autoritario: “La culpa del deterioro en nuestra economía es del mal gobierno”. No es difícil escuchar sentencias como la anterior en nuestros días, en nuestras calles, en nuestros trabajos y en muchos lugares públicos y privados, en momentos oportunos e inoportunos por igual.
Ante la exposición a las anteriores palabras podremos adoptar muchas posturas, pero en forma básica podremos estar o no estar de acuerdo, o bien ignorar en nuestra mente esta disyuntiva y abandonar cualquier pensamiento posterior al respecto. El pensamiento crítico será el que nos lleve a cuestionar internamente la validez de lo escuchado y, quizá después de un breve análisis, a inclinarnos por estar o no de acuerdo (incluso a cuestionarnos si no pasamos por alto algún detalle, si hemos escuchado con exactitud lo que se dijo). El pensamiento acrítico (opuesto al crítico) nos llevará a sustituir ese cuestionamiento interno por una serie de argumentos y justificaciones que llevará a nuestra mente a pensar en otras cosas y a abrazarnos en un estado de conformismo.
L. Mertes, destacado educador estadounidense, define al pensamiento crítico como “…un proceso consciente y deliberado que se utiliza para interpretar o evaluar información y experiencias con un conjunto de actitudes y habilidades que guían las afirmaciones fundamentadas y las acciones”. Y Robert H Ennis, destacado miembro de la Sociedad de la Filosofía de la Educación, afirma que es “pensamiento reflexivo y razonado enfocado para decidir que creer o hacer”. Por lo tanto podremos decir que el pensamiento crítico es la voluntad racional para someter aquello que percibimos a una serie de procesos mentales de análisis y cuestionamiento con el objeto de establecer un juicio sobre su validez. En pocas palabras, es preguntarnos con relación a lo que hemos percibido ¿es válido, es verdadero, es lo único que hay? Y buscar un poco más para encontrar la respuesta. Nótese que he insistido en “lo que hemos percibido” antes que en “lo que ha sucedido”, pues el pensamiento crítico debiera aplicarse, en primera instancia, a nosotros mismos, con el propósito de evitar sesgos de percepción y errores de juicio. Una vez resuelto el problema interno de la percepción, el pensamiento crítico debiera enfocarse hacia las fuentes externas de aquello que percibimos, para resolver la cuestión del “qué ha sucedido”.
¿Qué es escepticismo?
El escepticismo tiene una tradición histórica que data desde la época de los antiguos griegos. Recordemos la famosa frase de Sócrates: “Yo sólo sé que no sé nada”. El escepticismo actual no toma posiciones tan radicales y tan poco prácticas. Michael
Schremer, uno de los más renombrados escépticos de nuestros días afirma que “el escepticismo moderno está inmerso en el método científico, que incluye la adquisición de datos para formular y probar explicaciones para fenómenos naturales”. Pero
el escepticismo actual va más allá de aspectos científicos para incursionar ámbitos prácticos y cotidianos. El difunto Carl Sagan, famoso astrofísico y escéptico que dedicó sus últimos años a difundir la ciencia entre los no versados, opinaba así del escepticismo: “No es nada esotérico. Nos lo encontramos a diario. Cuando compramos un coche usado, si tenemos el mínimo de sensatez, emplearemos algunas habilidades escépticas residuales”. Entonces podemos decir que el escepticismo se basa en el uso del pensamiento crítico, tanto al interior de la mente de quien lo practica, como al exterior en la fuente de lo percibido, y abarca la recolección de evidencias objetivas para establecer una hipótesis de lo sucedido para confrontarla con la realidad. Cuando compramos un auto usado, es común escuchar del dueño anterior frases como “nunca ha sido chocado” o bien “está en excelentes condiciones, casi nuevo”. Si tomamos estas frases como algo cierto de manera temporal, el escepticismo nos hará revisar la carrocería para corroborar su validez, y revisar si no ha pasado por el proceso de “hojalateado” o bien contratar los servicios de un mecánico independiente para que revise el chasis, la alineación y otros aspectos que pueden escapar a nuestro ojo no entrenado. En pocas palabras, el escepticismo es la voluntad para dudar de lo percibido y reunir evidencias objetivas para complementar el proceso de juicio racional.
¿Qué utilidad tienen el pensamiento crítico y el escepticismo?
Moshe F. Rubinstein, en su libro “Patterns of Problem Solving” mencionaba hace más de 30 años que “teniendo la voluntad de dudar, se combate el dogmatismo y los prejuicios”. Y justo la dupla escepticismo- pensamiento crítico (de aquí en adelante,
para simplicidad, E-PC) es el motor que se alimenta de la voluntad de dudar. Ambos permiten que esa voluntad para dudar sobre bases racionales y de reunir evidencias objetivas, se conviertan en elementos para encontrar los fundamentos de la realidad y
la verdad, cuando ambas son buscadas. También permiten combatir ciertas formas de pensamiento que atentan contra el cambio para la mejora, la investigación científica y la elaboración de mejores modelos para explicar los fenómenos de la naturaleza.
Y aún más, pues la dupla E-PC constituye la base para la realización de investigaciones sobre crímenes y delitos, recopilando evidencias dejadas por los criminales para poder llevarlos a juicio. Y en ámbitos administrativos, la dupla E-PC sirve como método para la realización de auditorías y otro tipo de revisiones sobre los estados financieros y sustantivos de las organizaciones.
Los dogmas yacen en el terreno de la fe y los prejuicios evitan la tediosa tarea de pensar y analizar. Pero ambas formas de pensar son mucho más comunes en las reacciones humanas que la dupla E-PC. Otro de mis autores favoritos, Daniel Goleman, ha investigado con mucho rigor sobre la naturaleza de las emociones y llega a la conclusión, compartida por los mejores neurocientíficos de los últimos años, de que las emociones existen en nosotros como una programación de nuestro cerebro para
enfrentar con rapidez las primeras dificultades de la incipiente especie humana, hace varios millones de años.
Pero en la actualidad muchas de esas emociones (casi primitivas) nos llevan a cometer abusos innecesarios. Sobre la base del registro fósil de los humanos y de otras especies animales que compartían los tiempos y los espacios en la prehistoria,
nuestra principal amenaza era el acoso de otros animales más fuertes y mejor dotados para la cacería que nosotros. Aprendimos a temer a las grandes bestias ya que éramos presa fácil de muchos de ellos. Nuestra especie no es suficientemente rápida para
huir, ni suficientemente ágil para trepar por un árbol, ni suficientemente fuerte para ofrecer una respuesta directa a sus ataques, ni suficientemente protegida para guarecernos en nuestras defensas naturales. Sólo teníamos un cerebro un poco más
desarrollado, capaz de idear armas de defensa y ataque, capaz de diseñar trampas y disfraces, capaz de transmitir conocimiento a la descendencia, capaz de crear vínculos sociales para proteger a la incipiente especie, capaz de desarrollar
emociones y pensamientos ligados entre sí. Así pasamos mucho tiempo, muchos miles de años, y así esas maneras de resolver los problemas de la supervivencia se quedaron grabadas en nuestra genética y en nuestros cerebros.
Cito a Goleman: "La neocorteza (del cerebro) del Homo Sapiens, mucho más grande que en ninguna otra especie, ha añadido todo lo que es definitivamente humano. En la evolución, la neocorteza permitió una juiciosa afinación... que ha creado enormes
ventajas en la capacidad de un organismo para sobrevivir en la adversidad, haciendo más probable que su progenie transmitiera a su vez los genes que contienen ese mismo circuito nervioso."
El problema es que en la actualidad ya no necesitamos tanta capacidad cerebral para defendernos de las amenazas. Es decir, la mayor parte de las amenazas actuales ya no ponen en riesgo nuestra vida, y mucho menos atentan contra la supervivencia de la
especie humana. Tenemos una gran capacidad para idear tantas cosas que en nuestros días inventamos problemas, conflictos y enemigos falsos. Vemos con tanta facilidad las diferencias en los demás (incluyendo muchas especies animales) que nos
sentimos amenazados por estas realmente sutiles diferencias. Y nos sentimos bien cuando hacemos algo por acabar con ellos, aunque sea de manera virtual, justificando nuestra forma de actuar con mucha facilidad a través de dogmas de todo tipo y
prejuicios de rápida aparición.
La dupla E-PC es útil cuando deseamos hacer a un lado estos dogmas y prejuicios, pero también es útil cuando deseamos descubrir:
a. Los engaños y patrañas en la publicidad irresponsable;
b. La falsedad de la información en los tendenciosos medios masivos de comunicación;
c. Los vicios ocultos y la mala fe en tratos comerciales;
d. La autoría inequívoca de fechorías y delitos;
e. La responsabilidad de los funcionarios públicos y políticos en actos de negligencia o dolo;
f. Las mentiras y falsedades en las declaraciones de personas que desean vendernos algo o convencernos de sus sesgados a conveniencia puntos de vista.
No obstante la utilidad práctica para casos comunes en nuestra vida diaria, pienso que la mayor utilidad de la dupla E-PC estriba en tener la voluntad para orientar nuestra sobrada capacidad cerebral hacia el diseño creativo y racional de:
1. Mejores formas de convivencia, para librarnos de los prejuicios raciales o políticos basados en la credulidad de la gente;
2. Mejores modos de utilizar la naturaleza, para librarnos del desequilibrio ambiental de repercusiones globales;
3. Mejores bases para evitar las guerras y las hambrunas, dando paso a alternativas económicas que no requieran del exterminio de los vecinos, sea por obra de las armas o por obra de la economía.
Pienso que el pensamiento crítico debiera enseñarse en la escuela como parte de los programas la educación oficial y complementarla con cursos de herramientas del escepticismo en niveles superiores. Sería una forma inteligente de hacer uso de
nuestras capacidades sobradas.
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Categorías: escepticismo, religión
sábado, mayo 19, 2007
De abortos mentales y otras cosas
Esta vez escribiré sobre un tema del cual no quería escribir; sin embargo, ante el evidente mensaje de odio y clima pseudo científico promovido por el sector conservador de la sociedad mexicana y sus aliados romanos, me sentí inspirado para abordar este tema que suscita tanto debate y división desde el mismo momento en que se menciona: el aborto.
El aborto es un tema especialmente áspero porque trae una carga acusatoria muy fuerte para el que se manifiesta a favor de él o lo practica. Es un tema controvertido porque el corazón de la discusión entra en la arena del debate científico acerca de los límites mismos de la vida. Es un tema que cala muy hondo en la hipocresía de la sociedad mexicana porque es una consecuencia directa de un hecho comprobable y comprobado que la iglesia ha estigmatizado desde hace siglos: el sexo.
La razón por la que la mayoría de los llamados pro abortistas se rehúsa a debatir con la mayoría de los “antiabortistas” es que las “razones” que enarbolan para rechazar el aborto son religiosas. La condición obvia para conducirse de manera adecuada en un debate es que los argumentos de cada bando sean racionales por lo que hasta ahí llegan los canales de comunicación entre abortistas y antiabortistas. Mientras que unos hablan de ausencia de sistema nervioso central, los otros hablan sobre estupideces bíblicas y fantasías infernales; mientras que unos hablan de ausencia de garantía de una calidad de vida mínima para cultivar la dignidad humana, otros hablan de pecados y penitencias; mientras que unos hablan de salvar vidas que ya se hallan totalmente desarrolladas y probadas, los otros hablan de excomuniones y de apedrear al adúltero.
Por otro lado, hay una minoría de los antiabortistas que se manifiestan en contra del aborto por considerar que la ciencia no puede proveer definición indiscutible sobre lo que significa estar vivo. Para ellos, el movimiento pro abortista ciertamente no puede proveer argumentos sólidos, más que las pocas certezas que tenemos acerca de la vida, complementándolas con razones puramente humanistas. Resulta muy fácil ver que están en el lado equivocado aunque no sepamos muy bien por qué.
Las razones por las que los científicos rechazan que el aborto sea asesinato (antes de cierto número de semanas de embarazo) son:
- No hay desarrollo de sistema nervioso central por lo que no hay conciencia ni sensaciones por lo que para fines prácticos se puede hablar de una piedra en el vientre.
- Dependencia completa del útero materno y falta de actividad propia.
- Incapacidad para comunicarse.
También es muy fácil olvidar que el grueso del movimiento pro elección también quiere ver reducido el número de abortos pues ello reflejaría un número menor de embarazos no deseados que culminan el proceso de preñez (porque es un hecho que casi todo embarazo no deseado es producto de la ignorancia sobre salud sexual); al final la compasión de la que obcecadamente se proclaman adalides las religiones del mundo parece venir de sus enemigos los herejes.
Al final los proabortistas (entre los cuales me incluyo) sólo queremos una sociedad más informada que no tenga que llegar al aborto para resolver un embarazo no deseado, donde la vida de la mujer no deba ponerse en riesgo, donde se opte por la solución piadosa a un producto mal desarrollado o al que no se le pueda garantizar condiciones mínimas de bienestar físico y mental. No queremos que todas las mujeres aborten sólo que tengan la opción para hacerlo.
Fernando Velázquez
A continuación reproduzco un ensayo del sociólogo Joseph-Vicent Marques sobre el tema que espero aliente algún debate.
¿Contra el aborto o contra las mujeres?
Más allá de la persistente realidad del aborto clandestino, los que apoyan su legalización se atrincheran en el terreno de los argumentos ideológicos y éticos. Desafiando los lugares comunes, el sociólogo catalán Joseph-Vicent Marques desmenuza el discurso latente de los penalizadores.
Por Joseph-Vicent Marques
El sofismo de la vida o las astucias del discurso explícito
Se presentan como antiabortistas pero sólo son penalizadores
El discurso penalizador del aborto es en sí mismo una ficción, en cuanto se presenta como antiabortismo. Defender la penalización aborto no es evitarlo, pero quienes la defienden dan a entender que realizan algún tipo de cruzada o acción global contra el aborto. Su argumentación adquiere el aparato retórico de la evitación del aborto aunque sea un discurso estrictamente penal y no profiláctico. Sitúan así a los despenalizadores en el incómodo terreno de aparentes exaltadores del aborto. No hay por qué permitirles que realicen esta operación tranquilamente. Si ser antiabortista es tratar de evitar el aborto, entonces sólo somos antiabortistas los que propugnamos un programa radical de igualdad de los sexos, la superación de la fijación coital, el acceso a los anticonceptivos y la absoluta protección social a los niños. Los penalizadores del aborto no pueden llamarse honestamente "antiabortistas" más de lo que pueden llamarse filántropos los que piden mano dura para evitar la mendicidad callejera.
(No quieren que no haya abortos sino sólo que sean clandestinos y peligrosos.
Cuando hayamos recuperado la sexualidad libre, y el nacimiento de un niño sea una fiesta privada por cuenta pública, el aborto será innecesario. Hasta entonces, penalizarlo sólo es castigar a una víctima.
Nosotros contra el aborto; ellos, contra las mujeres.)
Decir sólo dicen una cosa: Que el óvulo fecundado ya es una persona.
Los penalizadores sólo tienen un argumento: el de que el feto es ya una persona. El resto del discurso es puro insulto. Aun esta argumentación hay que rastrearla en medio de los desmelenamientos y juegos de palabras. Prefieren hablar de que el feto es vida o vida humana, ganando así el beneficio de la ambigüedad. Porque decir que es ya una persona es muy gordo.
Pero, ¿desde qué perspectiva se puede empeñar en llamar persona a un óvulo fecundado? Desde el provindencialismo y desde concepciones de la persona asociales y poco entusiastas de la libertad. Desde una perspectiva providencialista (que, por cierto, debe ser herética) se puede decir que la persona tiene alma y el alma la infunde Dios y Dios es muy libre y muy suyo, o sea que igual puede infundirla en el momento de la fecundación que al romper aguas o con ocasión de la muela de juicio. (Obsérvese la dificultad de probar no la omnipotencia divina sino el que la ejerza precisamente en el momento de la concepción.) Otras perspectivas que permiten hablar de personas antes del nacimiento son aquéllas para las que no importa ni un mínimo de autonomía, ese mínimo de la separación física de otra persona que hace posible la interacción y el carácter social de la persona humana. La libertad no es aquí un valor muy apreciado cuando ni siquiera la libertad de movimiento es relevante para ellos.
Ahora bien, la exageración de llamarle persona al feto no se acompaña de otras consecuencias (bautizo, inscripción en el registro, entierro, etc.),que las de reprimir el aborto.
En ocasiones se matiza diciendo que el feto es ya es germen de la persona. Niegan así todo umbral diferencial del proceso evolutivo. No parece nada claro que una cosa sea ya aquello que va a ser.
Prodigiosas prestidigitaciones con el concepto vida
Los penalizadores del aborto gustan de presentarse como defensores de la vida. De hecho hablan de vida más que de personas. Para ello realizan las siguientes operaciones: 1°) Toman el término vida -a nivel de denotación- en su sentido menor, o sea aquél en el que todos aceptamos que hay vida en el feto, en las plantas, en las células y en los animales. 2°) A continuación cargan el término vida -a nivel de connotación- con un máximo de afectividad y sacralidad, esto es, le dan un sentido con el que sólo hablamos de vida de las personas. 3°) Se escamotea entonces la única conclusión lógica que tendrían las dos operaciones anteriores caso de ser honestas: el horror de pisar la hierba, un ultrafranciscanismo o una especie de ecologismo místico. 4°) Desemboca por el contrario en el terrorismo moral: "Si no estás a favor de condenar a las que abortan es que estás en contra de la vida".
(Si al menos fueran coherentes, dirían: Eso que llamáis hipócritamente cosecha no es más que una masacre.
Su lógica es ésta: El feto es vida, la persona es vida; luego el feto es persona. Igual podrían decir: el feto es vida, el Colegio Cardenalicio es vida, luego el feto es el Colegio Cardenalicio.)
El discurso penalizador manipula con el feto a través de una especie de "túnel del tiempo"
Ya hemos apuntado que los penalizadores identifican el germen con su resultado, negando todo umbral diferencial del proceso evolutivo, para decir que el feto es ya vida humana en el sentido de persona. No es la única manipulación o efecto mágico. Así, si bien hablan de germen cuando s}desean dar una referencia biológica sobria, el feto se convierte en niño cuando intentan emocionar al público con la supuestamente canallesca conducta de la "madre"(pues simétricamente ya le llaman madre a la gestante). Pero cuando se trata de subrayar los eventuales efectos perniciosos para la colectividad, el feto no es ya un niño sino un posible genio o útil ciudadano (señalemos incidentalmente que no suelen decir "un posible genio" o "útil ciudadano", y que tampoco se plantea ese problema a propósito de la gestante, cuya contribución a la colectividad pudiera verse frustrada por una maternidad inoportuna).
Dentro de esos efectos mágicos es donde cabe situar correctamente el tema del "derecho a la vida" que dicen defender los penalizadores. No es sino una variante de la prestidigitación con el término vida combinada con este otro ilusionismo del tiempo: El feto ha de ser y no ha de ser al mismo tiempo la misma cosa para que funcione el sofisma, pues ha de ser persona para tener derecho a la vida y no ha de ser persona para que puede "hacerle falta" un derecho a la vida que en realidad sería el supuesto derecho del embrión al llegar a ser persona. Terrible. La logomaquia se resuelve apelando a la ficción de que el feto es ya un niño y, claro, el niño sí tiene derecho a la vida.
(En resumen viene a decir: ¿sería usted capaz, madre que aún no es madre o futura abuela que aún no es abuela, de matar a un competente ingeniero de caminos, canales y puertos que intenta en vano protegerse con su sonajero al tiempo que disimula sus conocimientos dando un encefalograma plano?)
El insulto adicional como argumento adicional previa trampa adicional
Suponiendo que el feto fuese ya persona -que es su único enunciado no valorativo-, entonces, el aborto sería, en efecto, un homicidio. Los penalizadores, sin embargo, no le llaman homicidio, sino asesinato. Esta trampa viene probablemente propiciada por la necesidad de resolver el enojoso asunto de que los penalizadores suelen hallar legítimos e incluso virtuosos algunos homicidios. Por lo tanto, el aborto debe ser presentado como un asesinato. A partir de ese momento el discurso penalizador sólo aporta nuevos insultos. Así, el tal asesinato es, además, el asesinato de un ser indefenso, y es además el asesinato de un ser indefenso por su propia madre y -pasando de la tautología a la afirmación gratuita- el asesinato de un ser indefenso por su propia madre sin remordimiento alguno y -recargando ahora los adjetivos- el asesinato de un ser indefenso por su propia e inicua madre, etc. A continuación, agoradas las posibilidades de recargar el asunto puede recurrirse también a insultar a quienes defienden la despenalización del aborto. El discurso se complementa con una terminología bien cargada: "matar" en lugar de "interrumpir el proceso", etc. (Obsérvese el mecanismo inverso cuando se habla de extirpar o de sanear para referirse a medidas políticas autoritarias que incluyen el homicidio o cuando se habla de accidente para referirse a los homicidios laborales por falta de medidas de seguridad.)
(Si no les parece convincente decir "lo que llamáis hipócritamente cosecha no es más que una vergonzosa y sanguinaria masacre, ya que además el trigo no puede defenderse.")
¿Qué tendrá el feto que no tengamos nosotras/ os?, o las contradicciones del discurso penalizador en su contexto
Hasta aquí hemos considerado el discurso penalizador en sí mismo. Si atendemos ahora a lo que significa ese discurso dentro del contexto social concreto en que se produce, supone además una serie de contradicciones o de preferencias sorprendentes que en general son bien conocidas. Recordemos algunas:
1. Contradicción entre estar a favor del "niño" en cuanto vida intrauterina y no del niño en cuanto a vida extrauterina. ¿Dónde estaría el derecho real a ser traído a una sociedad neurotizante, a una clase social no explotada, a una nacionalidad no oprimida, etc.?¿Dónde el derecho a ser deseado ya que no consultado?
2. Contradicción entre estar por la ampliación de la vida posible y no por la defensa de la vida existente. ¿En nombre de qué esa prioridad de asegurar partos sobre desmarginar minusválidos, ancianos o los mismos niños abandonados?
3. Contradicción entre estar "contra el aborto" y a menudo estar contra la información sexual, los anticonceptivos, etc. ¿Desean realmente evitar el aborto?
4. Contradicción entre estar "contra el aborto" y a menudo a favor de la pena de muerte, el rearme, etc. (Ellos dicen que el feto es "inocente", pero sólo lo es como pueden serlo las setas que impunemente se comen.)
5. Contradicción entre penalizar el aborto voluntario de la mujer y no los abortos "naturales" causados por malas condiciones de trabajo, broncas materiales u hostilidad paterna. ¿Serán abortos "decentes" precisamente porque no son libres?
6. Contradicción entre estar "contra el aborto"y no contra el empobrecimiento de la sexualidad como obsesión coitalproductivista, la violación intramatrimonial o la misma represión sexual como generadora de encuentros sexuales no previsibles y por ello susceptibles de plantear problemas de aborto.
Sin embargo, estas contradicciones son en cierto sentido aparentes. Así, estas "contra el aborto" y por la pena de muerte es, en realidad, coherente, puesto que se está a favor de dos penalizaciones, y dentro de la óptica "más vale castigar que prevenir". Estar por la penalización de los abortos y contra los anticonceptivos es coherente en cuanto que son dos formas de subordinar la sexualidad a la procreación. Del mismo modo, no es contradictorio estar preocupado por aumentar el número de habitantes del planeta y aprobar, expresa o tácitamente, el despilfarro de los recursos naturales, puesto que son dos formas de irresponsabilidad. Se hace, pues, evidente la existencia de una ideología por debajo de las afirmaciones antropológicas de los penalizadores. No pecamos de desconfiados si tratamos ahora de rastrear el discurso profundo que hay por debajo del discurso oficial de los penalizadores. No vamos a cuestionar su buena fe subjetiva ni el grado en que sinceramente se sientan horrorizados ante lo que consideran un asesinato. Afirmaremos simplemente que su condena del aborto como asesinato unifica y respetabiliza una serie de actitudes menos respetables que sólo indirectamente salen a la superficie.
El discurso latente de los penalizadores
Más niños, es la guerra
La penalización del aborto es una de las formas como un sistema social se asegura una abundante reproducción. En ese sentido no es cualitativamente distinto de la penalización de la sexualidad o de la reducción de toda sexualidad a genitalidad y la prohibición o ridiculización del sexo fuera de la edad reproductora. La determinante infraestructura de este reproductivismo o natalismo es doble; puede considerarse una necesidad de todo sistema social en épocas históricas de elevada mortalidad y es una necesidad adicional de toda clase dominante políticamente expansionista o interesada en una abundante mano de obra. Así, el natalismo que la clase dominante proyecta sobre el vecindario la sobrevaloración del momento de aparición del "nuevo ser" frente al proceso que constituye al ser humano en interacción, propone la complacencia en la abundancia de la estirpe frente al objetivo de la felicidad de la misma y alimenta la beata contemplación del niño como hazaña o juguete de los padres, escamoteando los datos dramáticos de la infancia desdichada.
(No se trata de hacer el máximo de niños sino de hacer el máximo de niños felices.
No se trata -como decís- de niños o comodidad, sino de niños felices o niños desgraciados.
Las flores no lloran. ¿Porqué queréis hacer el máximo de niños y el mínimo de flores?
A los ogros también les gustan los niños.)
La mujer en su sitio, la mujer sitio del feto
Todo natalismo supone ya una forma clara de reducción de la mujer al papel más o menos embellecido de máquina reproductora. Sin embargo, el aspecto más asombrosamente misógino del asunto está en que la penalización del aborto niega la capacidad moral de la mujer. Aunque a veces el discurso penalizador se conmueve vagamente con la imagen de la mujer acorralada por la opinión pública o las dificultades económicas (complacencia en la imagen de debilidad femenina), ni siquiera considera la posibilidad de que el acto de interrumpir el embarazo sea un acto de intención ética, negándole a la mujer la capacidad de estimar su propia disponibilidad para la maternidad. Para ellos, la mujer no tiene capacidad de preocuparse por un posible niño: es sólo instintivo. Y ni siquiera les preocupa un aspecto del aborto: su carácter de violencia sobre el cuerpo de la mujer. Es sin embargo el aspecto que hace al aborto indeseable.
(Una mujer es algo más que una madre. Una madre es algo más que una máquina de parir.)
El precio del placer o los defraudadores del amor
De otra parte, se está por la penalización del aborto, esto es, por la obligatoriedad del proceso de gestación en virtud de una profunda convicción de que el placer sexual no es válido por sí mismo, de que necesita compensar su carácter perverso o sospechoso mediante algún tipo de contrapartida "positiva" o gravosa. Es así como una de las frases que se oyen a menudo cuando el discurso penalizador se expresa a nivel privado, no solemne, es ka de "quien quiera eso que cargue con las consecuencias". La hostilidad al aborto voluntario emparenta aquí claramente con la hostilidad a los anticonceptivos puesto que ambos evitan "pagar el precio". No es muy diferente al substrato común de ambas hostilidades con aquello que hace posible llamar a las enfermedades venéreas "purgaciones". El carácter profundamente antilúdico de la civilización vigente se hace aquí muy ostensible. Una cultura antilúdica es también una cultura de la envidia y así hay en este asunto una línea de deslizamiento de las emociones y discursos que sigue el itinerario "represión-frustración-sospecha respecto del o la vecina envidia-moralismo-venganza privada al servicio de la represión pública". O dicho de otra forma "si estos cogen y encima no les pasa nada yo estoy haciendo el (o la) imbécil". Este tema tendría que ser ampliado si deseamos saber no sólo porqué una clase dominante a través de sus equipos políticos prohíbe el aborto (natalismo pragmático o residualmente ideológico, hipotecas eclesiásticas, etc...)
(El nacimiento de un niño nueve meses después no hace al coito mejor de lo que fue como acto de placer, comunicación y libertad o de todo lo contrario. En malas condiciones para el niño lo hace peor.
Gozar sin dañar a nadie no es menos honesto que sufrir sin beneficiar a nadie (salvo a quienes explotan el Valle de Lágrimas S.A.)
¿Porqué no le llaman hacer cochinadas a hacer que el placer parezca cochinadas?
Pero que placer ni qué puñetas, dijo airadamente la señora Enriqueta
Sin embargo, notemos que esta obsesión por el precio del placer falla en cuanto consideramos que una elevada proporción de fecundaciones se produce sin otro placer para la mujer que el muy discutible de la obediencia o el de la garantía - a veces puramente imaginaria- de retener el afecto del varón. Aquí la represión del aborto vuelve a remitir a la misoginia del discurso latente: la mujer debe pagar no el precio de su placer sino el del varón.
Es entonces cuando el pez se muerde la cola, esto es, cuando hasta el prejuicio sexual cede ante el prejuicio machista. Se puede, pues, perder justificadamente la tranquilidad del ánimo disertatorio para afirmar que el discurso penalizador del aborto no es sino; una faceta más de la dominación masculina, que el feto es persona y más que persona porque es captado como el carcelero de la mujer y que las feministas tienen razón al sospechar inelegantemente que si los obispos y los políticos pariesen, el aborto sería legal. Como sociólogo me he encontrado con miles de conjeturas mucho menos fundamentadas.
(El aborto es ilegal por ser femenino. La guerra es masculina.)
Termino aquí este escrito. Dejo para otra ocasión las consideraciones sobre cómo y de qué forma me parece, un suponer, digo yo, que habría que enmarcar la lucha por la despenalización del aborto. He colaborado económicamente en tres abortos y proporcionado información en un número indeterminado. Si he estado o no en el origen de algún embarazo no deseado es cosa que no digo, porque eso a los penalizadores no les interesa saberlo. El fetismo no es un humanismo, sólo es un antifeminismo.
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sábado, mayo 12, 2007
Regodeándose en su "crapulencia"
Leí en la Jornada que se le dio carpetazo a la solicitud ciudadana de acceso a las boletas electorales del 2 de julio. Estos documentos ahora se encuentran catalogados como “documentos indisponibles”, palabra que según la nota no existe, y ahí es cuando la noticia captó mi atención.
Buscando en la Real Academia Española corroboré que efectivamente dicha palabra no existe, lo que habla bien de Irma Sandoval (persona que señaló tal monstruosidad lingüística). Pero lo interesante del asunto es que al inventar palabras se pisotea el medio mismo de la Ley, eso es algo que un Tribunal debería saber mejor. En el derecho la palabra es ley.
Lo más probable es que tal resolución haya sido redactada por algún pasante mediocre que se lo paso a un secretario más mediocre aún que finalmente se lo facilitó a un Magistrado que cobra millones por barbaridad pronunciada.
La próxima vez dirán que:
-Los sacerdotes pederastas no son sujetos de acción penal pues su categoría es: “divinimática”.
-La intervención de extranjeros en asuntos nacionales es permitida bajo el principio legal de “axenofamiento”.
-La ley Televisa es “optimaticalmente” constitucional.
Y al igual que la reciente resolución, no siginficará nada.
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lunes, abril 30, 2007
La Improbabilidad de Dios
Texto de Richard Dawkins. Traducción de Gabriel Rodríguez Alberich.
La gente hace muchas cosas en nombre de Dios. Los irlandeses se vuelan los unos a los otros en su nombre. Los árabes se vuelan en su nombre. Los imames y los ayatolás oprimen a la mujer en su nombre. Los papas y sacerdotes en celibato trastornan la vida sexual de la gente en su nombre. Los shohets judíos le rajan la garganta a los animales en su nombre. Los logros de la religión en la historia (las sangrientas cruzadas, los inquisidores torturadores, los conquistadores genocidas, los misioneros destructores de culturas, la resistencia impuesta legalmente a toda verdad científica hasta el último momento) son aun más impresionantes. ¿Y a qué ha ayudado todo esto? Creo que está quedando cada vez más claro que la respuesta es absolutamente a nada. No hay razón para creer en la existencia de ningún tipo de dios, y buenas razones para creer que no existen y nunca han existido. Todo ha sido una enorme pérdida de tiempo y de vidas. Sería un chiste de proporciones cósmicas si no fuera tan trágico.
¿Por qué cree la gente en Dios? Para la mayoría de la gente, la respuesta es todavía una versión del antiguo Argumento del Diseño. Contemplamos la belleza y la complejidad del mundo: el aerodinámico batir del ala de una golondrina, la delicadeza de las flores y de las mariposas que las fertilizan, la hormigueante vida existente en una gota de agua de estanque a través de un microscopio, la copa de una secuoya gigante a través de un telescopio. Nos reflejamos en la complejidad electrónica y la perfección óptica de nuestros propios ojos, que son los que miran. Si tenemos algo de imaginación, estas cosas nos llevan a un sentimiento de respeto y reverencia. Por otra parte, no podemos dejar de impresionarnos por la obvia semejanza entre los organismos vivientes y los diseños cuidadosamente planificados de los ingenieros humanos. Este argumento fue expresado en la famosa analogía del relojero del sacerdote del siglo XVIII William Paley. Aunque no supieras lo que es un reloj, el carácter obviamente diseñado de sus ruedas dentadas y muelles, y de cómo se engranan para un propósito, te forzarían a concluir “que el reloj debe tener un hacedor: que tiene que haber existido, alguna vez, y en algún lugar, un inventor o inventores que lo construyeron para el propósito que le encontramos; que comprendían su construcción, y diseñaron su uso.” Si esto es cierto para un reloj relativamente simple, ¿cuánto más lo será para el ojo, el oído, el riñón, el codo y el cerebro? Estas estructuras bellas, complejas, intrincadas y con un propósito obvio tienen que tener su propio diseñador, su propio relojero (Dios).
Así decía el argumento de Paley, y es un argumento que casi todas las personas pensativas y susceptibles acaban por descubrir en algún momento de su infancia. A lo largo de casi toda la historia, debe haber sido una verdad completamente convincente y autoevidente. Y ahora, como resultado de una de las revoluciones intelectuales más sorprendentes de la historia, sabemos que es falso, o al menos superfluo. Sabemos que el orden y el aparente propósito del mundo viviente ha aparecido mediante un proceso completemente distinto, un proceso que trabaja sin necesidad de ningún diseñador y que básicamente es consecuencia de unas leyes físicas muy simples. Es el proceso de la evolución por selección natural, descubierto por Charles Darwin e, independientemente, por Alfred Russel Wallace.
¿Qué tienen en común todos los objetos que parecen haber tenido un diseñador? La respuesta es su improbabilidad estadística. Si encontramos una piedra transparente pulida en forma de lente por el mar, no concluímos que debe haberla diseñado un óptico: las leyes físicas pueden lograr este resultado sin ayuda; no es tan improbable que simplemente “haya ocurrido”. Pero si encontramos una lente compuesta, corregida cuidadosamente contra la aberración esférica y cromática, con un filtro para la luz brillante, y con las palabras “Carl Zeiss” grabadas en la montura, sabemos que no puede haber aparecido por casualidad. Si coges todos los átomos de la lente compuesta y los juntas al azar bajo la influencia de las leyes de la física, es teóricamente posible que, por pura casualidad, los átomos formen el patrón de una lente compuesta de Zeiss, e incluso que los átomos de alrededor de la montura queden de manera que aparezca grabado el nombre de Carl Zeiss. Pero el número de otras posibilidades en las que podrían quedar los átomos es tan enorme, vasto e inconmensurablemente grande que podemos despreciar completamente la hipótesis de la casualidad. La casualidad no cuenta como explicación.
Por cierto, esto no es un argumento circular. Puede parecer circular porque se podría decir que cualquier disposición de los átomos es muy improbable. Como se ha dicho con anterioridad, cuando una bola cae sobre una hoja de césped particular en un campo de golf, sería absurdo exclamar: “De todos los miles de millones de hojas de césped en los que podría haber caído, la bola ha caído justamente sobre ésta. ¡Qué asombrosa y milagrosamente improbable!” Aquí la falacia es, por supuesto, que la bola tenía que caer en alguna parte. Sólo podemos asombrarnos de la improbabilidad del suceso si lo especificamos a priori: por ejemplo, si un hombre con los ojos vendados gira sobre sí mismo en el tee, golpea la bola al azar, y logra un hoyo en uno. Eso sería realmente asombroso, porque el objetivo de la bola se especifica de antemano.
De los trillones de formas que hay de juntar los átomos de un telescopio, sólo una minoría funcionaría realmente de manera útil. Sólo una pequeña minoría tendría el nombre de Carl Zeiss grabado, o, de hecho, cualquier palabra de cualquier lenguaje humano. Ocurre lo mismo con las piezas de un reloj: de todos los miles de millones de formas que hay de juntarlas, sólo una pequeña minoría dará la hora o hará algo útil. Y, por supuesto, lo mismo ocurre, a posteriori, con las partes de un cuerpo viviente. De las trillones de trillones de maneras que hay de juntar las partes de un cuerpo, sólo una minoría infinitesimal podría vivir, buscar comida, comer y reproducirse. Cierto, hay muchas formas de estar vivo (al menos diez millones de formas si contamos el número de especies distintas que hay en la actualidad) pero, haya las formas que haya de estar vivo, ¡es seguro que hay muchísimas más formas de estar muerto!
Podemos concluir con seguridad que los seres vivos son demasiado complicados (demasiado improbables estadísticamente) para que hayan aparecido por pura casualidad. ¿Cómo, pues, han aparecido? La respuesta es que la casualidad tiene que ver en esta historia, pero no un acto individual y monolítico de casualidad. En cambio, se ha dado uno tras otro en secuencia, una larga sucesión de pequeños pasos casuales, cada uno lo suficientemente pequeño para que sea un producto creíble de su predecesor. Estos pequeños pasos de casualidad están causados por las mutaciones genéticas, cambios al azar (errores de hecho) en el material genético. Estos cambios producen alteraciones en la estructura del cuerpo. La mayoría de estos cambios son letales y llevan a la muerte. Una minoría de ellos resultan ser ligeras mejoras, que llevan a un aumento de la supervivencia y la reproducción. A través de este proceso de selección natural, esos cambios azarosos que resultan ser beneficiosos acaban por extenderse en la especie y se convierte en la norma. La escena queda ahora a la espera de otro pequeño cambio en el proceso evolutivo. Después de, digamos, un millar de estos pequeños cambios, cada uno de los cuales proporciona la base para el siguiente, el resultado final se ha hecho, por proceso de acumulación, demasiado complejo para que haya aparecido en un acto individual de casualidad.
Por ejemplo, es teóricamente posible que aparezca, de un simple golpe de suerte, un ojo de la nada: digamos de la piel desnuda. Es teóricamente posible en ese sentido que la receta se haya escrito en la forma de un gran número de mutaciones. Si todas estas mutaciones ocurrieran simultáneamente, podría aparecer un ojo de la nada. Pero, aunque es teóricamente posible, es inconcebible en la práctica. La cantidad de suerte implicada es demasiado grande. La receta “correcta” implica cambios en un número enorme de genes simultánemente. La receta correcta es una combinación particular de cambios entre trillones de combinaciones de cambios igualmente probables. Podemos descartar con seguridad una coincidencia tan milagrosa. Pero es perfectamente plausible que el ojo moderno haya aparecido a partir de algo casi igual al ojo moderno pero no del todo: un ojo un poquito menos elaborado. Con el mismo argumento, este ojo un poquito menos elaborado apareció a partir de un ojo un poquito menos elaborado aún, etcétera. Si suponemos un número suficientemente grande de diferencias suficientemente pequeñas entre cada etapa evolutiva y su predecesora, podemos derivar un ojo complejo a partir de la piel desnuda. ¿Cuántas etapas intermedias podemos postular? Eso depende de con cuánto tiempo podemos tratar. ¿Ha habido suficiente tiempo para que se desarrollen ojos de la nada mediante pequeños pasos?
Los fósiles nos dicen que la vida se ha desarrollado en la Tierra desde hace más de 3.000 millones de años. Es casi imposible para un hombre imaginar una cantidad de tiempo tan inmensa. Natural y afortunadamente, tendemos a percibir nuestra propia vida como un periodo de tiempo bastante largo, aunque raramente vivamos un siglo. Hace 2.000 años que vivió Jesucristo, un periodo de tiempo suficientemente largo para confundir la diferencia entre historia y mito. ¿Puedes imaginar un millón de veces ese periodo? Supón que queremos escribir toda la historia en un largo rollo de papel. Si metiéramos toda la Historia en un metro de rollo, ¿cuánto ocuparía la parte del rollo destinada a la Prehistoria, desde el principio de la evolución? La respuesta es que la parte del rollo dedicada a la Prehistoria se extendería desde Milán a Moscú. Piensa en las implicaciones que esto tiene en la cantidad de cambio evolutivo que cabría en todo ese tiempo. Todas las razas domésticas de perro (pekineses, perros de lanas, perros de aguas, San Bernardos y Chihuahuas) han surgido a partir de lobos en un periodo de tiempo que se mide en cientos o como mucho miles de años: no más de dos metros en el trayecto de Milán a Moscú. Piensa en la cantidad de cambio implicado en el tránsito de un lobo a un pekinés; ahora multiplica esa cantidad de cambio por un millón. Si lo miras de esa manera, parece más fácil creer que un ojo puede desarrollarse de la nada poco a poco.
Se hace necesario para satisfacer nuestra existencia que todas las partes intermedias en la ruta evolutiva, digamos desde la piel desnuda hasta el ojo moderno, tienen que haberse favorecido por la selección natural; haber sido una mejora con respecto a su predecesor en la secuencia o al menos haber sobrevivido. No tiene sentido pensar que teóricamente existe una cadena de partes intermedias casi imperceptiblemente diferentes, si muchos de esos individuos intermedios han muerto. A veces se arguye que las partes de un ojo tienen que estar todas presentes o el ojo no funcionaría en absoluto. Medio ojo, dice el argumento, no es mejor que ningún ojo. No puedes volar con medio ala; no puedes oír con medio oído. Por tanto no puede haber existido una serie de partes intermedias hasta el ojo, ala u oído modernos.
Este tipo de argumento es tan ingenuo que uno sólo puede preguntarse cuáles son los motivos subconscientes para querer creer en él. Es obviamente falso que medio ojo sea inútil. Los que padecen de cataratas cuyos cristalinos han sito extirpados quirúrjicamente no ven bien sin gafas, pero están mucho mejor que la gente que no puede ver nada. Sin cristalino no puedes enfocar detalladamente una imagen, pero puedes evitar chocar con obstáculos y detectar la sombra amenanzante de un depredador.
Con respecto al argumento de que no se puede volar con medio ala, es refutado por un gran número de animales planeadores, incluyendo a mamíferos de muchos tipos, lagartos, ranas, serpientes y calamares. Muchos tipos distintos de animales arbóreos tienen membranas de piel entre sus articulaciones que son realmente medio alas. Si te caes de un árbol, cualquier membrana de piel o aplanamiento del cuerpo que aumente el área de tu superficie puede salvarte la vida. Y, sean como sean de grandes tus membranas, siempre tiene que haber una altura crítica tal que, si te caes de un árbol desde esa altura, habrías salvado la vida con sólo un poquito más de superficie. Entonces, cuando tus descendientes hayan desarrollado esa superficie extra, podrán salvar sus vidas con sólo un poquito más de superficie, si se caen de un árbol a una altura ligeramente superior. Y así, mediante una sucesión imperceptiblemente gradual de pasos, cientos de generaciones después, aparecen alas completas.
Los ojos y las alas no pueden aparecer de una vez. Eso sería como tener la casi infinita suerte de dar con la combinación que abre la caja fuerte de un gran banco. Pero si giras las ruedas de la cerradura al azar, y cada vez que te acercas un poco al número afortunado la puerta de la caja fuerte hace un crujido, ¡no tardarías en abrir la puerta! Esencialmente, ése es el secreto de cómo la evolución por selección natural logra lo que antes parecía imposible. Las cosas que no pueden derivarse plausiblemente de predecesores muy diferentes pueden derivarse plausiblemente de predecesores sólo ligeramente diferentes. Teniendo una serie suficientemente larga de predecesores ligeramente diferentes, podemos derivar cualquier cosa a partir de cualquier otra cosa.
La evolución, pues, es teóricamente capaz de hacer el trabajo que, érase una vez, parecía ser una prerrogativa de Dios. Pero ¿existe alguna prueba de que la evolución haya existido realmente? La respuesta es sí; las pruebas son abrumadoras. Se encuentran millones de fósiles exactamente en el sitio y exactamente a la profundidad que deberíamos esperar si la evolución fuese cierta. No se ha encontrado ni un solo fósil en un lugar donde la evolución no sea capaz de explicarlo, aunque esto podría haber pasado fácilmente. Un fósil de mamífero en rocas tan antiguas que los peces aún no habían aparecido, por ejemplo, sería suficiente para refutar la teoría de la evolución.
Los patrones de distribución de los animales y plantas en los continentes e islas del mundo es exactamente lo que esperaríamos si se hubieran desarrollado a partir de ancestros comunes mediante un proceso lento y gradual. Los patrones de semejanza entre los animales y plantas es exactamente lo que deberíamos esperar si algunos fueran primos entre ellos, y otros fueran primos más distantes. El hecho de que el código genético sea el mismo en todas las criaturas vivientes sugiere abrumadoramente que todas son descendientes de un único ancestro. La evidencia de evolución es tan convincente que la única manera de salvar la teoría de la creación es suponer que Dios colocó deliberadamente enormes cantidades de pruebas para hacer que pareciese que la evolución fuese real. En otras palabras, los fósiles, la distribución geográfica de los animales, etcétera, son todos un gigante truco de timador. ¿Alguien quiere adorar a un Dios capaz de tal fraude? Es seguro mucho más reverente, y más sensato científicamente , aceptar el significado literal de la evidencia. Todos los seres vivos son primos unos de otros, descendientes de un ancestro remoto que vivió hace más de 3.000 millones de años.
El Argumento del Diseño ha sido pues destruido como razón para creer en Dios. ¿Hay muchos más argumentos? Algunos creen en Dios por lo que dicen es una revelación interior. Tales revelaciones no son siempre edificantes pero parecen sin duda reales al individuo implicado. Muchos habitantes de manicomios tienen la fe interior de que son Napoleón o Dios mismo. El poder de esas convicciones es indudable para los que las tienen, pero esto no es razón para que el resto de nosotros les creamos. De hecho, ya que esas creencias son mutuamente contradictorias, no las creemos en absoluto.
Hay algo más que debe decirse. La evolución por selección natural explica muchas cosas, pero no pudo empezar de la nada. No podría haber empezado hasta que apareciese algún tipo de reproducción y herencia. La herencia moderna está basada en el código del ADN, que es de por sí demasiado complicado para que apareciese espontáneamente mediante una casualidad individual. Esto parece significar que tuvo que haber existido un sistema hereditario anterior, ahora desaparecido, que era lo suficientemente simple para que apareciese por casualidad por las leyes de la química, y que proporcionó el medio en el que pudo dar comienzo una forma primitiva de selección natural acumulativa. El ADN fue un producto posterior de esta selección acumulativa. Antes de esta original forma de selección natural, hubo un periodo en el que los compuestos químicos se formaron a partir de elementos más simples, siguiendo las conocidas leyes de la física. Antes de eso, todo fue construido a partir del hidrógeno puro como consecuencia inmediata del big bang, el suceso que inició el universo.
Existe la tentación de argumentar que, aunque Dios puede no ser necesario para explicar la evolución de orden complejo una vez que el universo comenzó con sus leyes fundamentales de la física, sí necesitamos a Dios para explicar el origen de todas las cosas. Esta idea no le deja mucho trabajo a Dios: sólo hizo estallar el big bang, se sentó y esperó a que pasara todo. El físico-químico Peter Atkins, en su libro maravillosamente escrito La Creación, postula un Dios perezoso que se esforzó por hacer lo menos posible para iniciarlo todo. Atkins explica cómo todo suceso en la historia del universo resulta, por simple ley física, de su predecesor. Así reduce el trabajo que el perezoso creador necesitaría realizar y finalmente concluye que, de hecho, ¡no habría necesitado hacer nada en absoluto!
Los detalles de la etapa primordial del universo pertenecen al reino de la física, mientras que yo soy un biólogo, más relacionado con las etapas posteriores de la evolución de la complejidad. Para mí, la cuestión importante es que aunque el físico necesite postular un mínimo irreductible que tuvo que estar presente en el inicio, para que el universo pudiera comenzar, ese mínimo irreductible es ciertamente extremadamente simple. Por definición, las explicaciones que surgen de premisas simples son más plausibles y más satisfactorias que las explicaciones que tienen que postular comienzos complejos y estadísticamente improbables. ¡Y es difícil conseguir algo más complejo que un Dios Todopoderoso!
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