jueves, junio 01, 2006

Las pautas del amor

“El amor es la más fuerte de todas las pasiones porque ataca

al mismo tiempo a la cabeza, al corazón y al cuerpo".

Voltaire

Siempre he sostenido que tengo una fe inquebrantable en la gente. Me gusta pensar que ésta es mi única creencia irracional. Como muchas otras de nuestras características psicológicas, este lazo emocional que formamos con otras personas obedece a un fin evolutivo muy específico. Los lazos con la familia nos proporcionan protección, alimento y formación. Posteriormente los lazos con personas fuera de nuestro círculo más interno nos sirven para formar alianzas y recabar información. Por último, las relaciones íntimas con el sexo opuesto son un instrumento de perpetuación de la especie. En especial me interesa este último vínculo porque ha cambiado tanto y lo hemos adornado con tantas ceremonias.

En las eras primigenias las cosas eran muy diferentes. Particularmente en la prehistoria, cuando las tribus formaban núcleos compactos, la población escaseaba y la elección de una pareja estaba extremadamente limitada. Cuando la voz del niño cambiaba y los senos de las niñas se desarrollaban, las hormonas de los jóvenes adultos les alentaban a buscar un compañero sexual. No tenían que ir muy lejos y no había mucho qué evaluar.

En todo el mundo algo tan simple como encontrar una pareja del sexo opuesto se ha convertido en un desafío muy especial, aunque sea solo consecuencia del tamaño de las comunidades humanas. El fracaso para encontrar una pareja se ha vuelto común y la culpa es totalmente nuestra. Hemos desarrollado estándares sociales de comportamiento, de personalidad, de atractivo sexual y de belleza cada vez más complejos, y no nos sentimos satisfechos a menos que nuestra pareja potencial sea capaz de superar una larga serie de pruebas tácitas.

Cuando dos personas se conocen y se gustan, comienzan a desarrollar una relación de creciente intimidad, lo que origina lazos afectivos muy especiales. Este poderoso sentimiento de unión y cariño se fortalece cada vez más hasta que finalmente se convierten en una pareja “oficialmente”. Esta relación continuamente ascendente en intensidad tiene dos cambios conductuales fundamentales.

Primero, dejamos de pensar en lo que podemos sacar del otro. Todos somos egoístas por naturaleza, porque intentamos protegernos todo el tiempo de los peligros que nos acechan. Evitamos todas las situaciones de vulnerabilidad. Nos mostramos prudentes y cautelosos en las relaciones que mantenemos con otras personas. Al final, los dos amantes se convierten en una sola unidad de convivencia. La entrega mutua es absoluta. Ambos lo dan todo sin preguntar.

Segundo, la pareja se aísla paulatinamente de los demás para gozar de mayor intimidad. No sólo es un proceso de unión, sino también de exclusión del resto de los mortales. En esta etapa es donde surgen de manera casi natural los celos y los lazos afectivos con otras personas (familia, amigos, compañeros, etc.) se ven deteriorados.

Estas dos características son tan poderosas en todas las parejas que casi podemos asegurar que son innatas. O lo que es lo mismo, estamos programados para enamorarnos y formar una unidad reproductora familiar. El hecho de que en la antigüedad los varones tuviesen que dejar solas y desamparadas a las mujeres hizo necesaria la existencia de un vínculo estrecho y profundo entre la pareja. Como era necesario cooperar continuamente, las comunidades primitivas debían funcionar en perfecta armonía, así que cada hombre se vinculaba con una sola compañera, evitando completamente los conflictos con sus congéneres.

Con nuestros cambios de hábitos y pensamientos, estos dos comportamientos han cambiado, llevando al surgimiento de conductas como: la poliginia, poliandria, onanismo, prostitución y demás; que evidencian el gran espectro ideológico que puede generar la mente humana. Sin embargo, la fuerza del amor sigue manifestándose día a día con simpar dinamismo.

El sistema de emparejamiento humano tal vez tenga defectos, pero también tiene increíbles virtudes, independientemente de los obstáculos que la vida moderna va sembrando, y esto no cambiará hasta que la especie se haya extinguido o hayamos evolucionado a un plano completamente nuevo.

Fernando Velázquez


1 comentario:

priscila dijo...

querido oso, nunk había visto a una persona analizar d manera tan científica el amor, resulta ser q es histórico, y q esos lazos se desarrollan por la necesidad de la evolución, o sea q todo lo q tenga es en contra de la historia misma, q irónico, yo echandole la culpa a Disney....
jaja, me gusto tu post, y no habla d pilítica, felicidades